Palabras y silencios

Juan Ramón Junqueras Vitas (Periodista y teólogo)

Hay palabras medio mudas, vanas, etéreas casi. No pesan. Viento son, y con el viento se van. Son peores que el silencio indiferente porque son dichas por decir. No valen ni el aliento que se gasta en pronunciarlas. En los ojos de quien las dice puedes intuir el vacío que las provoca. Simplemente, no son…

Hay palabras gruesas, mal paridas, pesadas, cargantes. Flatulencias en vez de aliento parecen haberlas provocado. Caen al suelo recién pronunciadas y provocan terremotos. No son dichas por los labios de la boca, sino por los de una herida sin cerrar. Son dañinas, perniciosas, como si un tumor maligno se hubiese apoderado de la lengua. Son hijas del trueno y del fuego. Critican y juzgan pero no son sino el escudo de alguien débil, acobardado por su propia necedad…

Hay silencios mortales como una espada de doble filo. También se pronuncian porque son elocuentes. Como mil gritos en la noche suenan. Como el silencio que precede a la tormenta; el del amigo a quien acudes desesperado y te vuelve la espalda; el que sigue a una disculpa cargada de humillación; el de quien muerde su lengua para ahorrarse una felicitación; el de quien espera a la puerta de su casa para ver pasar el cadáver de su enemigo; el de quien no clama por la injusticia que ocurre ante sus propias narices. Agujeros negros que se tragan cualquier atisbo de esperanza. Los demonios los nutren y a los demonios ofrecen sus respetos. No salivan las bocas que los contienen, porque solo tienen argamasa y cemento con los que construyen muros infranqueables. Son silencios que se oyen hasta en el cielo…

Pero hay, también, palabras y silencios que salvan, que acogen, que abren puertas, derriban muros. Son como abrazos del corazón que late con fuerza; como la luz de los ojos que brillan con ilusión; como la fuerza de un alma buena. Nacen del aliento del espíritu y a su servicio se ponen. Son la palabra hecha carne y habitando entre nosotros. Las palabras de quien consuela, de quien calma la inquietud, de quien perdona o pide perdón, de quien defiende y protege al débil. Los silencios de quien escucha con paciencia, de quien está atento a la necesidad del otro, de quien no abre la boca ante la provocación del agresor, de quien percibe la debilidad del que le grita. Son palabras y silencios que refrescan como el agua de un oasis. Son el medio bueno para un fin justo. Y el medio media. Y el medio es el mensaje. Ya lo dijo Marshall McLuhan….

Un comentario sobre “Palabras y silencios

Agrega el tuyo

  1. Qué pesadito el Marshall ese y/o la gente con lo que se supone que dijo o quiso decir. En todo caso la sucesión de mensajes (contenidos) podrá definir al medio. Pero vamos, que no hacen falta medios ni gritos ni historias, como bien indicas, y cada vez más, los menajes más ricos, claros y elocuentes los difunden los actos.

    Le gusta a 2 personas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: