Interés común

Por Francesc A. G. (Graduado en Historia del Arte, graduado en Magisterio, profesor en Educación Especial, humanista y ateo)

Estaremos de acuerdo en que uno de los debates morales más acalorados es el que gira en torno al dilema de la existencia del mal; sin embargo, fiel a mi condición de disidente, suele atraerme mucho más cuestionar y reflexionar sobre la naturaleza del bien. Por supuesto, este tema ha sido objeto de discusión habitual con algunos de mis amigos creyentes y, en mi opinión, el problema empieza cuando se afirma que la mejor manera de hacer el bien es cuando este se practica de manera desinteresada. Es como si, en cierta manera, la bondad quedara desvirtuada o desprovista de parte de su valor cuando es practicada en favor de un interés. Al contrario, creo que el bien adquiere significado y efectividad precisamente cuando nos interesa hacer el bien.

Suelo defender que es técnicamente imposible hacer el bien de manera desinteresada y consciente a la vez. Si aceptamos que tenemos cierto margen de libertad de elección, cualquier decisión que tomemos responderá a aquello que nuestra consciencia finalmente nos dicte. Incluso las decisiones que pueden atentar contra nuestra propia integridad son producto de un convencimiento interior que deseamos cubrir. No hay manera de tomar una decisión dejando al margen los condicionantes que nos llevan a tomarla; y son precisamente esos condicionantes los que determinan que lo más interesante es tomar esa decisión y no otra. En otras palabras, cuando decidimos algo ya estamos tomando partido por la alternativa que nos parece más interesante.

Con respecto a este planteamiento, hace poco un buen amigo cristiano me advirtió que quizá el uso del término “interés” tenía demasiado que ver con esa búsqueda de beneficio que a algunos tanto les chirría cuando se trata de hacer el bien. No obstante, yo no veo ningún problema en aceptar que la bondad puede ser honrada y sincera cuando se ejerce en nombre de un beneficio. Al contrario, veo claramente que hacer el bien gana en relevancia y en impacto justamente cuando se pone al servicio del interés común o del beneficio de la comunidad. El bien sirve para que ganemos todos y, por lo tanto, todos estamos individualmente interesados en hacer el bien y disfrutar de los beneficios que nos ofrece.

5 comentarios sobre “Interés común

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  1. En el ámbito cristiano esa insistencia en hacer el bien de forma desinteresada surge como reacción al hecho de que muchos cristianos pueden creer que la salvación se alcanza por méritos. Esta idea aleja de la paz y desvirtúa la esencia del evangelio. Es solo en ese contexto en el que se hace el énfasis.

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  2. Ha quedado apuntada, en mi opinión, una aproximación a aquello del “bien común” que, a mi modo de ver, egoísta mucho del “sacrificio”, término que prefiero dejar a pleno uso y disfrute del mundo católico. El bien común, consistiría en elegir, de entre todos los posibles modos de obrar hacia el bien respecto de algo, la opción que nos permita lograr nuestro beneficio individual evitando mermar el de los demás o incluso, si es posible, contribuyendo en el mismo acto también a el y/o al de toda la colectividad.

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