Frente al bofetón

Por Juan Ramón Junqueras Vitas (Periodista y teólogo)

Hace falta sentir mucho respeto por alguien para confrontarlo ante a sus propios errores. Lo más fácil es criticar en la distancia a los que mandan, y cuando nos cruzamos con ellos volver la cara con indiferencia, como si no fuera la cosa ni con nosotros ni con ellos. Y hemos de reconocerlo: a veces hacemos eso.

Sin pretender quitar ni un ápice de responsabilidad a quienes nos gobiernan en las iglesias, y siendo superlativamente crítico con sus desmanes, no sería sincero si no dijese que, a veces, tiro la piedra y escondo la mano. Y no hago bien. Es signo de una actitud acomodaticia.

Todos sabéis, a estas alturas, que mi referente existencial y espiritual es Jesús de Nazaret. Me gusta mucho su locura, su actitud divergente ante una religión —la judía palestina en el siglo I— que toleraba muy mal la disidencia. Pues bien: él, ante el bofetón propinado por el madero de turno, no se calla. Porque es una injusticia y porque le interesa confrontar a aquel bruto ante su propia realidad. Lo más fácil hubiera sido callarse, y aceptar el golpe como anticipo de la barbarie que se le avecinaba. Pero no: “Si he hecho algo mal, dime qué. Y si no, ¿por qué me pegas?” (Juan 18, 22-23). En aquel momento, el galileo es capaz de ver, detrás de aquella brutalidad, a un hombre débil que solo sabe expresarse a base de golpes. No fue de víctima, no se quejó a otros ni lo criticó en la distancia. Se puso delante de él y le mostró sin contemplaciones su error, con la férrea voluntad de recuperarlo del pozo de la sinrazón.

No sabemos cómo acabó la historia del que abusó violentamente de su poder con Jesús de Nazaret. Pero sí podríamos intentar descubrir cómo reaccionarían nuestros dirigentes ante tamaña muestra de respeto de nuestra parte. Porque no todo se arregla con la Guardia Civil…

4 comentarios sobre “Frente al bofetón

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  1. Cierto Juan Ramón. “No todo lo arregla la Guardia Civil”
    Pero en esa frase, entiendo, reconoces que algunas cosas sí. No todo, pero algo sí. ¿Donde está la línea roja entre lo que sí y lo que no?. ¿Quien la traza? ¿Según convenga?
    Cuando se registraron consejerías y sedes de partidos políticos por la trama Gūrtel, también recibió críticas la Guardia Civil. Nunca llueve a gusto de todos. Ha de imponerse la sensatez. Difícil equilibrio.

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  2. Me siento Español por los cuatro costados,respetare enormemente a,quienes quieren otra cosa.Tienen otro sentimiento distinto al mio y quieren formar su país ,eAstado como hay ejemplos varios en la historia.No todo se arregla con Guardia Civil, que esta puede impedir el acto,pero no el sentimiento.A mi me preocupa mas como Español,mas que el sentimiento de muchas,muchos Catalana/es,es la imagen que ha dado Don Juan Carlos de Borbon,la infanta,Iñaqui Urdangarin,,movimientos raros de jueces, Guardia Civiles entrando a la,sede del partido popular, Un presidente del gobierno yendo a declarar.Que una de sus declaraciones las hiciese el día que estaba la semi final de champions entre Real Madrid-Atletico de Madrid,.Los casos de Andalucia ,los casos de mi tierra valencia.El toparme de frente por las calles céntricas con gente imputada, ,especialmente con uno que se le oía en Valenciano contando billetes y diciendo,les dije en un mitin que les iba a hacer una playa y los tontos se lo creyeron.Por la zona de Xativa que playa vas a hacer. … A lo sumo una piscina.Dialogo,permitir que se vote o una España federal en la que quepa Cataluña.Quien este en contra de lo que yo diga,que me meta caña.

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  3. Te la veo, Juan Ramón. Te veo la jugada. Permíteme pues que ponga un ejemlo de qué no se arrregla con la Guardia Civil y que, de froma excepcional, me alargue algo más de lo que sería aconsejable en un comentario a tu escrito.

    Ciertamente, la Guardia Civil ni el Cuerpo Nacional de Policía no están para según qué. Sus funciones principales son velar por la seguridad y la integridad de las pesonas. Al menos eso es así en un estado que se dice democrático. Otra cosa es que la deriva autoritaria de los gobernantes fuerce a esas instituciones a actuar como el brazo ejecutor de un ideario político o para “solucionar” una desavenencianpolítica por la vía de la fuerza. Y esto último estaría por verse si es solucionar o tan solo dejar un problema enquistado que, con toda seguridad, volverá a estallar con más crudeza si cabe.

    Hay cuestiones en las que, una vez acabado el conflicto, es mejor hacer borrón y cuenta nueva. En cierta península al suroeste de Europa hubo un conflicto sucesorio que arrastró tras de sí a todo el continente. Como era de esperar, en su cierre continental mandaron los intereses de las potencias en conflicto. Sin embargo, los qu se habían levantado contra el rey gobernante (no entraremos a dilucidar si legítima o ilegítimamente), decidieron seguir oponiendo resistencia, con la consecuencia de su total derrota y la pérdida de sus fueros y constituciones, a lo cual siguió una represión brutal. A título de ejemplo, baste decir que se obligó a los habitantes de todoo un barrio de la capital a derribar sus propias casas para construir una ciudadela adosada a la ciudad y que el objetivo de dicha fortificación no era defenderla, sino someterla por la vía de las armas en combinación con un fortín situado en la cima de un peñón situado al otro lado de la ciudad.

    Si aquel rey (que, dicho sea de paso, estaba desequilibrado mentalmente en grado destacable por algo que hoy se conoce como trastorno bipolar) no se hubiera ensañado con los vencidos, si sus descendientes no hubiesen persistido en el ensañamiento, si quienes tomaron partido por aquel rey y sus descendientes no se hubieran dedicado al pillaje y la espoliación del país derrotado, es más que probable que todo aquello hoy no fuera más que una de tantas páginas de la historia de la península. En cambio, el hecho de hurgar constantemente en la herida impidió que sanara y, como suele decirse, de aquellos polvos vinieron estos lodos.

    Yau un problema político que hace tres siglos que está enquistado. A losnproblemas políticos se les tiene que dar una solución política. El uso de la violencia, judicial y policial, no hace ma´s que agravar la situación. De tal manera que, tal como están las cosas ahora, es difícil (por no decir imposible) que aquella provícia díscola desee permanecer en un Estado que percibe como contrario y ocupador. Y todo por querer usar la Guardia Civil para lo que no está.

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