Cuando todo nos pesa

Cuando no vemos la luz al final del túnel nos pasan por la cabeza ideas cargadas de locura. Las decepciones suelen infligir en el alma heridas que tardan mucho en curar. Cuando curan —si es que lo hacen—, las cicatrices que dejan nos recuerdan a quienes las sufrimos el dolor que nos produjo no conseguir lo que pretendíamos. Muchos estamos llenos de ellas. Podemos contarlas una a una, y de todas guardamos el amargo recuerdo de la derrota. Heridas que no acaban de cicatrizar, o cicatrices demasiado visibles como para olvidarnos de ellas.

Todos llevamos cicatrices en el alma. Son como el mapa de nuestra vida desde su punto de origen. Mojones en el camino que nos indican dónde nos equivocamos en el pasado, y nos ayudan a esquivar el sufrimiento, a huir de él. Hay quienes piensan que necesitan anclarse en su pasado para sobrevivir, y también quienes estamos convencidos de que dando el paso siguiente construiremos una vida nueva, y queremos tener el arrojo de intentarlo. Estamos seguros de que la historia más importante es la que construimos hoy. Tanto trabajo, tantas privaciones, tantos sueños de libertad no pueden acabar en el estercolero.

Seamos creyentes o no, sentirnos de utilidad para algo más grande que nosotros mismos, algo que nos supere en importancia, nos da el valor y la fuerza para afrontar los retos, esas metas que no seríamos capaces ni siquiera de atisbar si nos sintiésemos gotas de agua perdidas en el océano de la confusión y del caos. Sin embargo, es tan difícil conseguirlo…

Pero no podemos perder la perspectiva. No estamos solos, no todo depende de nosotros, no podemos obsesionarnos con la responsabilidad que sentimos, o con las esperanzas que otros han puesto en nosotros. Nadie es imprescindible, por importante que sea su aportación. Cuando uno empieza a sentir todo el peso sobre sí, y comienza a dudar de la capacidad de los demás para llevar el barco a buen puerto, pierde de vista la fabulosa ayuda que tiene a su alrededor, y cómo cada pieza del engranaje funciona si tiene en cuenta que hay otras; olvida que su trabajo es solo posible —y útil— cuando es realizado en equipo. Empieza a parecerle que nadie comprende como él la importancia de lo que se está haciendo, y todo lo que está en juego.

No tenemos por qué sentirnos solos ante nuestros problemas, sufrimientos o desafíos porque no lo estamos, aunque a veces nos empeñemos en no verlo o en no creerlo. Construir ese mundo más humano hacia el que nos sentimos atraídos puede convertirse en espiritualidad; hacerlo codo con codo con quienes pretenden lo mismo, crean en Dios o no, puede convertirse en el súmmum de la espiritualidad. Hay esperanza…

Juan Ramón Junqueras Vitas (Periodista y teólogo)

2 comentarios sobre “Cuando todo nos pesa

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  1. Esta reflexión me ha recordado una película “El vuelo del Fénix” en la que se trata también la decepción, la frustración, el peso de la responsabilidad y la toma de decisiones inadecuadas por miedo al sufrimiento. La película da un giro cuando uno de sus personajes comenta: “Los hombres necesitan alguien a quien amar y si no, esperanza y si no algo que hacer.”
    Pablo también recoge esta idea en 1ª de Corintios 13:13 “Hay tres cosas permanentes: la fe, la esperanza y el amor, y la más importante de las tres es el amor.” Me gusta mucho este texto porque expresa la universalidad de la espiritualidad por encima de todo.

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