Los monoteísmos como problema

Al hilo de los atentados yihadistas perpetrados en Barcelona y Cambrils la semana pasada, quiero proponer una reflexión sobre los monoteísmos y sus peligros. No diré —porque no lo creo— que el monoteísmo haya de ser un peligro per se. Lo que pretendo mostrar es que el monoteísmo ha de ser consciente de los peligros que encierra en su seno, y vigilarlos de cerca para que no se convierta en un problema dentro de un mundo donde cada vez es más difícil vivir en paz. Como me repite continuamente un buen amigo, y colaborador en este blog, “lo menos que podemos pedirle a una religión es que sea inofensiva” (Francesc A. G.). Y, antes de empezar, quiero advertir de que emplearé los vocablos “dios” o “dioses” en minúscula porque, de ser él o ellos como lo pretenden las distintas manifestaciones del integrismo monoteísta, la merecen. Vamos allá…

Lo normal es que si una persona cree en varios dioses —o en cientos, o en miles— no se pelee con otra porque tenga otros dioses —o cientos de ellos, o miles—. Sin embargo, quien se considera creyente en el dios único y absoluto corre el riesgo de creerse en la verdad absoluta y, lógicamente, no admite dudas, ni diálogo, ni menos aún una opinión contraria a la suya. De ahí la intolerancia, la intransigencia, la rigidez extrema en todo cuanto pueda atentar a “lo absoluto” de su dios. Una postura, en definitiva, que puede llevar abiertamente al fanatismo y, normalmente, a la religión de la confrontación.

Si mi dios, o la idea de dios que me he hecho, o el nombre que le he dado, es el único verdadero, todos los demás son falsos. Esto, que ya es peligroso humanamente hablando, lo es más si pasamos al siguiente estadio: Si mi dios es el único verdadero, y todos los demás son falsos, son además enemigos entre sí. Y sus seguidores, enemigos también a los que hay que combatir y abatir. Entonces, llega la intolerancia, que no admite ni soporta lo diverso, y mucho menos lo opuesto o lo contrario. Por eso cualquiera entiende que cuando esto se “diviniza” —de la manera que sea y por el motivo que sea—, semejante actitud puede degenerar en posturas aberrantes y sumamente peligrosas para la convivencia pacífica.

El judaísmo no se ha librado, ni mucho menos, de los peligros del monoteísmo. El Antiguo Testamento de la Biblia da claros ejemplos de hasta dónde puede llegarse al querer defender —y hasta imponer— al único dios verdadero. Las presuntas órdenes divinas a su pueblo elegido de aniquilar a todo ser viviente que no creyese en Yahveh (Deuteronomio 20, 16-18) dan muestra de ello. El sionismo actual no deja de ser, también, una manifestación de los peligros del monoteísmo, por mucho que podamos adscribirlo al mero juego geopolítico. Y el pueblo palestino sigue sufriéndolos.

El cristianismo ha dado suficientes muestras a su vez, a lo largo de su historia, de la maldad que puede albergar un monoteísmo. Casi desde sus propios inicios, en cuanto tuvo poder para ello, se dedicó a asesinar a los paganos que no querían convertirse a su fe. Siglos más tarde llegaron las cruzadas contra el Islam. Después se dedicó a perseguir y matar a los herejes cristianos que brotaban en su propio seno, para terminar en las guerras de religión entre el catolicismo y el protestantismo. Un baño de sangre del que la historia humana ha de avergonzarse.

Y aunque el cristianismo ha reexaminado sus textos sagrados tiene, aún, tics de radicalismo e integrismo violentos. No hay más que recordar a algún arzobispo español diciendo que no todos los refugiados que entran en Europa son trigo limpio, y que hay que salvar a España de esta “invasión” (ver aquí). Pastores protestantes llaman a matar a ateos y a homosexuales (ver aquí), o celebran la masacre de homosexuales en Orlando, e instan al gobierno norteamericano a volarles los sesos frente a un pelotón de fusilamiento (ver aquí). Además, el Consejo Evangélico de Madrid ha expulsado de su seno a la Iglesia Evangélica de España por defender la inclusividad en este asunto (ver aquí). El cura Santiago Martín, párroco de la iglesia católica Nuestra Señora de los Ángeles (Madrid), podría ser el último epítome de la radicalidad e integrismo cristianos, al predicar ayer desde el púlpito de su comunidad que Ada Colau y Manuela Carmena (alcaldesas de Barcelona y Madrid respectivamente) son cómplices de los atentados yihadistas en Barcelona y Cambrils por “respetar la libertad de los asesinos” (ver aquí).

El Islam pretende ser una religión de paz, pero tiene aún un gran camino que recorrer —como casi todas las religiones, por cierto— para serlo de verdad. La invisibilización de las mujeres —incluso de su maltrato (ver aquí)— es un ejemplo. Su trato a los homosexuales es otro (ver aquí). Como bien explica Henri Boulad —rector durante muchos años del colegio de los jesuitas en El Cairo— es evidente que hay una especie de “dos coranes”: el de Mahoma en la Meca, cuando el profeta era un líder espiritual, y que es mucho más pacífico; y el de Mahoma en Medina, cuando ya era un jefe de Estado, militar y político. El problema, opina él, es que las tres cuartas partes del Corán son versículos elaborados en la época que Mahoma vivió en Medina, y constituyen un llamado a la guerra, a la violencia, y a la lucha contra los cristianos.

Por ello, hay que dar voz hoy al Islam más moderado, ese que intenta reinterpretar los textos del Corán a la luz de la sensibilidad de nuestro tiempo. Es el caso de quienes hablan de la yihad interior, una especie de batalla íntima, introspectiva, personal y no violenta, contra el mal que nos habita a cada uno, dando otro sentido a la yihad que aparece en el Corán. No podemos decir que el Islam sea solo su manifestación más integrista, radical y violenta, pero también es cierto que el Islam del siglo XXI —quiero pensar que a su pesar— la contiene. No sé cómo, pero parece imprescindible que si el Islam pretende ser —y aparecer— hoy como una religión de paz, ha de expulsar inequívocamente de su seno a esta excrecencia suya.

Las religiones monoteístas —judaísmo, cristianismo e islam— basan sus creencias en un dios único y, además, en libros sagrados escritos hace muchos siglos. Cuando se escribieron, los derechos humanos simplemente no existían como los conocemos hoy; pero las facciones más integristas de estas religiones usan estos libros en su literalidad para alimentar, auspiciar, y hasta promover la violencia. Es un anacronismo preñado de locura pretender que la sensibilidad de las culturas de aquel tiempo valga hoy. Tendría que ser evidente, en pleno siglo XXI, que no deben ponerse en práctica las enseñanzas de estos libros si vulneran los derechos humanos. Y también tendría que ser obvio que debería perseguirse cualquier adoctrinamiento por parte de sus religiosos que incite a la violencia. No todo vale en aras de la libertad religiosa.

Juan Ramón Junqueras Vitas (Periodista y teólogo)

12 comentarios sobre “Los monoteísmos como problema

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  1. A mi personalmente me asustan mucho las religiones de “libro” porque las considero el embrión de los fundamentalismos. Concuerdo totalmente contigo en el últimos parrafo. Está escrito y punto. La reflexión, actualización, contextualización, etc. etc. están prohibidas. Solo unos cuantos “iluminados” nos atrevemos a contextualizar y encima intentan quemarnos vivos. Felicidades por el artículo.

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  2. No creo que, cuando algunos portavoces de la comunidad islámica española dicen que la palabra “yihad” ha sido secuestrada por los terroristas, tengan razón. El propio Corán la usa para animar a la guerra santa. Lo que deben conseguir los portavoces es que la interpretación moderada de ese término —yihad interior— vaya imponiéndose entre sus propios correligionarios. De nada sirve negar la realidad, y actuar como si no existiese. Eso lleva a un debate vacío de contenido. Como en el Antiguo Testamento de la Biblia, es innegable que en el Corán se anima a la violencia contra los infieles. La respuesta a este problema, por parte de los creyentes del siglo XXI, no debería ser negar el contenido de sus textos sagrados, sino reinterpretarlos a la luz de nuestra sensibilidad actual.

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    1. A finales del mes de julio tuve la oportunidad de asistir a un curso titulado “El Islam, presente de un pasado medieval”. Allí, asistí a diez ponencias interesantísimas y, algunas de ellas, trataron el tema del mensaje coránico en relación a la llamada “guerra santa”.
      Apunto aquí algunos aspectos que aprendí en esas jornadas y que creo que son dignos de tener en consideración:

      1.- “Yihad” es una palabra masculina. Deberíamos hablas de “el Yihad” y no de “la Yihad”.
      2.- El término aparece en cuatro ocasiones en el Corán, y siempre se refiere a la guerra santa contra el infiel.
      3.- Existe una variante del término “Yihad”: “Yihada” y que hace explícita referencia al esfuerzo personal que cada musulmán debe realizar para llevar una vida recta en consonancia con su doctrina. Esta variante, no aparece en el Corán porque surge a partir del siglo XII.

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  3. Pasa lo mismo, pero en lo que se refiere al número, con la palabra “talibán”. La hemos importado del persa, pero en esta lengua “talibán” es el plural de “talib”. Sin embargo, nosotros decimos “un talibán ha matado a…”. Incluso construimos el plural de un plural cuando decimos “talibanes”.

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    1. Tres especialistas en el Corán criticaron a la RAE por ese cambio de género del término. Por eso lo he comentado. Que sea oficial no significa que sea riguroso.

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    2. La explicación que daban, Juan Ramón, es que el uso del femenino se ha establecido a causa de una metonimia: se usa la yihad porque se asimila a LA guerra santa. De esta manera, dejas de lado la acepción masculina que podría relacionarse con EL esfuerzo interior.
      No sé si me explico.

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  4. Un mundo donde nos alegramos de que la policía descarte motivación terrorista a un hombre que se ha saltado un control policial en Alicante, tras lo que esta ha disparado a su vehículo y ha seguido huyendo a pie, y asegure que se trata de un delincuente común, es un mundo que se está volviendo loco. Al principio se especuló con que tenía apariencia magrebí. Esto es lo que van consiguiendo, poco a poco, los terroristas…

    http://www.antena3.com/noticias/sociedad/hombre-que-circulaba-matricula-falsa-salta-control-policial-fuga-alicante_20170822599c88160cf2e2ea355e07b6.html

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