Espiritualidad sin dios

El concepto “espiritualidad” no tiene una definición indiscutible y clara. Así lo creo y, además, pienso que es bueno que sea de esta manera. Sin entrar a analizar su origen etimológico fundamentado en la idea de “espíritu” (término todavía más resbaladizo, si cabe…), me atreveré a exponer mi opinión sobre lo que podría ser un acercamiento a lo espiritual absolutamente desvinculado del hecho religioso y de cualquier creencia en dios.

Veo claramente que la espiritualidad tiene que ver con una disposición muy concreta: la de estar abierto a acoger, con asombro y humildad, cualquier misterio que nos ayude a afrontar nuestro lugar en la existencia.

Cuando hablo de “misterio”, lo hago sin sonrojarme. Y no me sonrojo porque, rápidamente, aclaro que al utilizar este término no me estoy refiriendo a la intervención de ningún fenómeno o agente sobrenatural. Con esto no quiero desmerecer a quienes prefieran apelar a algún transmundo para justificar esa disposición de la que hablábamos y, de hecho, esta es una de las razones por las que creo que es positivo que la definición de “espiritualidad” no sea definitiva.

Lo misterioso no es más que aquello que se nos revela como insondable, y la buena noticia es que tal imposibilidad de conocer nos proporciona la oportunidad de acercarnos a estas realidades desde otra actitud. Esta actitud es la que yo me atrevo a denominar “espiritualidad”.

En mi opinión, este es un camino que ha ido recorriéndose de distintas maneras durante el transcurso de la humanidad, todas ellas legítimas y consecuentes con sus respectivos condicionantes históricos y culturales. Sin embargo, lo que me parece verdaderamente relevante es que todas ellas parecen  responder a una misma llamada: la búsqueda de respuestas a la condición fragmentaria y aislada del individuo.

Vamos a ser claros: la naturaleza nos sobrepasa. Formamos parte de ella, pero nos vemos incapaces tanto de dominarla como de comprenderla. Nos limitamos a desentrañar algunos de los mecanismos de su funcionamiento pero, con cada avance, quedamos también abrumados por un sinfín de nuevos interrogantes: cuanto más sabemos más nos damos cuenta de lo poco que conocemos.

Apelo a una espiritualidad basada en la aceptación resignada pero satisfecha de nuestro papel insignificante en la naturaleza. Rechazo la visión condescendiente que pretende que la existencia solo vale la pena si se trata de la antesala de una existencia posterior. Defiendo una disposición que nos permita confrontar el abismo que constituye todo aquello que nunca podremos conocer. Rehúso el cáliz envenenado de las respuestas fáciles para las cuestiones difíciles. Creo en una actitud que nos permita dirigir una mirada asombrada hacia lo maravilloso, sin que la certeza de nuestra fragilidad nos suponga una desesperanza. Rechazo las promesas de un más allá hechas desde los intereses del más acá. Reclamo que el valor de vivir sea considerado intrínseco al hecho de que hayamos podido hacerlo. Denuncio la puerilidad de una existencia que solo tenga sentido por el hecho de haber sido otorgada por un poder supremo. Y, por último, deseo una espiritualidad que recupere —aunque suene paradójico— la importancia del cuerpo, ese gran denostado por la versión religiosa de lo espiritual que tanto daño ha hecho. Somos un cuerpo, y sin él las pasiones no podrían ser vehiculadas. Reivindico una espiritualidad donde las pasiones tengan el protagonismo que se merecen. ¿O acaso no son ellas las que nos hacen estremecer ante un atardecer, la contemplación de una obra de arte, o el nacimiento de un niño?

Francesc A. G. (Graduado en Historia del Arte, graduado en Magisterio, profesor en Educación Especial, humanista y ateo)

10 comentarios sobre “Espiritualidad sin dios

Agrega el tuyo

  1. La espiritualidad en mi caso, más allá del sentimiento de asombro sobre lo que desconocemos, es sobre lo que vamos descubriendo y vamos descartando como verdadero.
    La espiritualidad no necesita ser atea: que la espiritualidad contenida en explicaciones facilistas y confortantes por parte de las religiones sea la predominante no quiere decir que sea la única (como algunos parásitos de la “religion como mecanismo de supervivencia” quieren hacernos ver).
    Hay una profunda sensacion de asombro y de profundo entendimiento de la propia vida, la propia existencia, contenida en la informacion que hemos podido rescatar a traves de la ciencia.
    Saberme primate, saberme parte de una “mota de polvo azul flotando en un aparente vacio infinito, saberme parte de los procesos naturales e inevitables de un universo como el que conocemos…donde en un determinado momento todo estubo contenido dentro del espacio de una Cabeza de alfiler. Y donde sabemos hay fenomenos que superan con creces las capacidades de nuestros sentidos para ser detectadas.
    Donde el fenomeno de la evolucion moldeo mi cerebro adaptandolo a una logica mas por necesidad que por ser algo universal e infalible.
    Donde soy una compleja maquina de supervivencia que carga las ordenes de un ADN egoista que solo busca continuar su existencia sin aparente fin….
    Dentro de tantas otras revelaciones que ha sufrido el hombre.
    Un gran etcetera.

    No somos nada importante para el universo, soy yo, soy tu, soy vida.

    Le gusta a 1 persona

  2. A la pregunta si puede haber espiritualidad sin Dios,hay muchas corrientes, con lo cual si.Y una cosa que hasta los psicólogos avalan la meditación,yo la aconsejo

    Me gusta

  3. Gracias por tu artículo. Me ha gustado mucho el cuadro que has escogido para expresar la admiración del hombre ante lo inmensurable de la naturaleza.
    Yo, como el autor del cuadro, soy creyente y también siento esa pequeñez, ese misterio de lo insondable. Es curioso que una misma ilustración exprese un paisaje mental que puede senviar para creyentes y ateos. Se que los esquemas no son los mismos, pero convergen en lo esencial, la admiración por lo inmensurable. No obstante, el ateísmo puede considerar mi necesidad de creer en Dios como una creencia anclada en una espiritualidad más primitiva, necesitada de un ser superior, menos evolucionada, más anclada en lo trascendente. Yo no puedo dejar de preguntarme cómo seguirá evolucionando la espiritualidad. Me llama mucho la atención pensar que el ser humano es un ser espiritual y social por naturaleza, pero me pregunto por qué no somos capaces de espiritualizar la sociedad y crear juntos la utopía de vivir y dejar vivir cuidando de nuestro pequeño planeta. Pero no. Todo indica que esa incapacidad del ser humano nos lleva siempre a la imposición por la fuerza o el miedo y a nuestro propio fin al no gestionar los recursos naturales.
    Quizá por mi descreimiento en la naturaleza del ser humano prefiera ser una caminante sobre un mar de nubes.

    Le gusta a 2 personas

    1. No podemos concretar en la sociedad algo que se define por ser inconcreto, desconcertante.
      Y de hecho, es mejor que sea así. Yo creo que instrumentalizar la espiritualidad, lleva a desvirtuarla. He aquí el problema de las religiones.
      Convierten lo espiritual, lo verdaderamente inspirador en algo vulgarizado y rebajado a los intereses mundanos.
      No creo que el hombre desee de verdad ver cumplidas sus utopías; creo que el hombre, lo que anhela de verdad es seguir deseando. Cuando lo que deseamos se torna realidad, pierde parte de su encanto y empezamos, otra vez, a anhelar algo distinto. Lo que queremos es continuar deseando.

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: