La Iglesia y las sexualidades diferentes. Propuesta para una buena relación (y III)

En la primera entrega de esta serie (ir) establecimos la razón y el marco de estudio al respecto de la cuestión de la iglesia y su relación con las sexualidades “diferentes”. Después, en la segunda (ir), estudiamos los textos en los que se basan los cristianos contrarios a la plena admisión de las personas LGTBI en el seno de la iglesia y llegamos a la conclusión de que no son base suficiente para sostener tal postura. Quedaban, pues, pendientes de abordar la postura de Jesús con respecto a la sexualidad, las implicaciones que la exclusión de las personas LGTBI tiene desde los puntos de vista de la inclusividad de Jesús y la postura de las distintas iglesias protestantes y evangélicas con respecto al celibato, así como el resumen de las conclusiones; puntos estos que se incluyen en esta tercera y última entrega.

1. Jesús y la sexualidad

     1.1. Jesús y la moral en la pareja

Otra de las cuñas que usan quienes se oponen a la admisión de personas LGTBI en la iglesia es la declarada oposición de Jesús a lo que se ha venido en llamar conductas inmorales. Ciertamente, se oponía con todas sus fuerzas. De hecho, alguna refriega tuvo con los fariseos por tal motivo y no fue poco sonada. Tanto es así que quedó registrada en los evangelios.

Sin embargo, de lo que ha quedado para la posteridad, no se sabe de ninguna ocasión en que se refiriera explícitamente a conductas que no fueran heterosexuales. Suponemos que, si lo hubiera hecho, habría sido lo bastante importante como para que algún evangelista se hubiera hecho eco de ello. Por tanto, solo nos quedan sus comentarios al respecto de la moral sexual. Quizás allí encontremos algo que nos diga o, cuando menos, nos permita vislumbrar qué pensaba al respecto de que dos personas del mismo sexo mantuvieran una relación basada en el amor, el respeto y el compromiso mutuos. Veámoslo.

Jesús se hace eco de cuestiones relacionadas con la moral sexual en cuatro pasajes de los evangelios. En todos ellos el tema es el divorcio. Es decir, nos estamos moviendo en un marco conceptual que hoy calificaríamos de heterosexual. No se hace ninguna mención a relaciones entre personas del mismo sexo. Sin embargo, valdrá la pena examinarlos con detenimiento por si se nos pudiera escapar algún detalle.

          1.1.1 Mateo 5: 31, 32; Lucas 16: 18

Son dos textos paralelos. Nos quedaremos con Mateo porque es el más extenso y el que más detalles deja ver:

«Se ha dicho: “El que repudia a su esposa debe darle un certificado de divorcio”. Pero yo os digo que, excepto en caso de infidelidad conyugal, todo el que se divorcia de su esposa, la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la divorciada comete adulterio también».

Nos encontramos en el Sermón del Monte. Es la única vez que Jesús se refiere a algún asunto relacionado con la moral sexual sin que nadie haya sacado la cuestión. Por lo tanto, se sobreentiende que aquí está hablando sin ningún tipo de condicionante y dice todo lo que cree conveniente que tiene que decir.

Por más que le demos vueltas, sólo encontramos una referencia directa, clara y concisa a la costumbre tan extendida en su época de banalizar el matrimonio (heterosexual, por supuesto), casándose y divorciándose una y otra vez, y no vemos nada que tenga que ver con la homosexualidad. Por lo tanto, de aquí no podemos extraer nada que la condene.

          1.1.2. Mateo 19: 1-12; Marcos 10: 1-12

Por la introducción que hacen, es bastante evidente que ambos evangelistas se refieren al mismo episodio. Debido a que Mateo era judío, probablemente es quien que se fija más en los detalles “legales” que salen a la luz durante la conversación. Por este motivo, porque es el que más información da sobre la moralidad relacionada con la ley, seguiremos a este evangelista.

Unos fariseos se acercan a Jesús y le hacen una pregunta capciosa: «¿Está permitido que un hombre se divorcie de su esposa por cualquier motivo?»[i] La discusión sigue adelante y Jesús les responde: «¿No habéis leído […] que en el principio el Creador “los hizo hombre y mujer” y dijo: “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa, y los dos llegarán a ser un solo cuerpo”?»[ii]

Este último versículo es el que se suele esgrimir contra la homosexualidad. Pero en el apartado 1 de la entrega anterior ya vimos que este «principio» quedó alterado con la irrupción del pecado y las modificaciones que ello conllevó.

Cuando los fariseos le preguntan por qué Moisés les permitió otorgar carta de repudio, él les responde: «Por lo obstinados que sois. […] Pero no fue así desde el principio».[iii] Parafraseándolo, Dios se adaptó a la nueva situación.

Incluso admitiendo que aquí hubiera alguna mención a la homosexualidad, que a todas luces no la hay, se está repitiendo el argumento de dado en el apartado 1 de la entrega anterior. Aparentemente, en el principio las relaciones de pareja tenían que ser heterosexuales; pero, debido a las alteraciones que la irrupción del pecado provocó, no queda otra que ir trampeando la situación como se pueda. Ninguna condena.

     1.2. Jesús y el centurión

Un episodio de la vida de Jesús que suele pasar desapercibido cuando nos referimos a su postura en relación con la conducta sexual es la curación del siervo de un centurión. Vale la pena leer el relato porque nos dará mucha información:

«Al entrar Jesús en Capernaum, se le acercó un centurión pidiendo ayuda.

—Señor, mi siervo está postrado en casa con parálisis, y sufre terriblemente.

—Iré a sanarlo —respondió Jesús.

—Señor, no merezco que entres bajo mi techo. Pero basta con que digas una sola palabra, y mi siervo quedará sano. Porque yo mismo soy un hombre sujeto a órdenes superiores, y además tengo soldados bajo mi autoridad. Le digo a uno: “Ve”, y va, y al otro: “Ven”, y viene. Le digo a mi siervo: “Haz esto”, y lo hace.

Al oír esto, Jesús se asombró y dijo a quienes lo seguían:

—Os aseguro que no he encontrado en Israel a nadie que tenga tanta fe. Os digo que muchos vendrán del oriente y del occidente, y participarán en el banquete con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos. Pero a los súbditos del reino se les echará afuera, a la oscuridad, donde habrá llanto y rechinar de dientes».[iv]

Resulta extraño que un centurión se preocupe por el sufrimiento de su siervo. ¿Quién era este siervo y por qué lo ama?[v]

El centurión ama mucho al joven; hasta tal punto que verlo sufrir lo trastorna. Lo ama tanto y está tan angustiado que llega a rebajarse a pedir a alguien que pertenece al pueblo ocupado que lo cure. ¿Por qué, si sólo es un siervo? ¿No será que hay algo más, algo que no se dice de manera abierta, pero que se deja entrever?

¿Por qué le llama tanto la atención este episodio a Mateo como para incluirlo en su Evangelio? ¿Por qué nos hace saber que el centurión amaba mucho al siervo? Los gentiles conversos al judaísmo no eran ninguna rareza. Recordemos también que el evangelista había sido publicano; había sido funcionario del Imperio y sabe muy bien que los centuriones romanos no eran naturales de su destino, que dejaban a la familia en casa y que solían tener un joven, un efebo, con quien mantenían relaciones sexuales.

Otro detalle relevante es la respuesta del centurión cuando Jesús le dice que va a su casa a curar al criado: «No merezco que entres bajo mi techo». ¿Por qué? ¿Qué había en esta situación para que el centurión no mereciera que Jesús entrara en su casa? Que el romano no fuera judío no parece un motivo. En todo caso, esto lo debería haber dicho Jesús, no el centurión.

Todo ello da que pensar: un centurión que ama mucho a su siervo y lo trastorna verlo sufrir, una situación de indignidad… No se ve ninguna explicación plausible, salvo que entre el centurión y el siervo hubiera una relación de amor sincero y comprometido. Es decir, que el centurión y el siervo fueran lo que hoy en día llamaríamos una pareja homosexual estable.

Aquí Jesús tenía una oportunidad excelente para condenar abiertamente la homosexualidad o, como mínimo, para detenerla. Como Hijo de Dios que era, antes de que el romano se lo hubiera explicado, ya sabía qué pasaba de verdad. Y, sin embargo, cura al siervo, ordena al centurión que vuelva a su casa y, además, elogia su fe. ¡Ni un solo reproche! Es más, y esto es de nuestra cosecha, no cuesta nada imaginar la sonrisa de complicidad que se le dibuja en la cara cuando indica al centurión que vuelva con el siervo curado.

     1.3. Conclusiones sobre Jesús y la sexualidad

En el primer epígrafe de este apartado el marco conceptual es el de un matrimonio heterosexual que se rompe. No se hace ninguna mención a ningún otro aspecto de la sexualidad o de la vida en pareja. Tampoco en este punto hay ninguna condena explícita a la homosexualidad. Es más, corrobora la idea de que Dios se adaptó a la nueva situación provocada por la irrupción del pecado expuesta en el apartado 1 de la entrega anterior.

En cuanto al centurión y su criado, nos encontramos ante una relación de pareja y no hace ningún reproche, ninguna acusación. Al contrario, en lugar de mantenerse al margen de la situación y asegurarse de que se termina en ese mismo instante, Jesús alaba la fe del centurión, cura al criado y hace posible que la relación continúe. Con su acción, parece bendecir esa unión. Cuando menos, ni siquiera la desaprueba.

2. Otros aspectos de interés

Más allá de lo que se pueda extraer del texto bíblico y del discurso del Nazareno sobre la moralidad sexual, hay otros aspectos que también hay que tener en consideración. Nos referimos a las implicaciones del hecho de que la iglesia, entendida como la comunidad de los creyentes sea cual sea su confesión, rechace la inclusión libre de restricciones de las personas LGTBI en su seno.

     2.1 Jesús fue el máximo ejemplo de inclusividad ante la marginación

Si de verdad queremos seguir el ejemplo de Jesús el colectivo LGTBI no debería quedar fuera del ámbito de actuación de la iglesia. Aceptarlo sería un reflejo fidedigno, un testigo luminoso, de lo que él hacía. Porque, no lo olvidemos, el Hijo de Dios, la persona con más dignidad y merecedora del mayor honor de la tierra, no dudaba, si las circunstancias lo llevaban, en acompañar a los publicanos, uno de los grupos sociales más marginados de su tiempo.

El ejemplo más evidente de aceptación de alguien que está excluido, además del propio Leví Mateo, el evangelista que fue publicano a quien aceptó en su círculo más íntimo, es el encuentro de Jesús con Zaqueo.[vi] Es, tal vez, uno de los episodios de su vida en el que encontramos a un Jesús más cercano e inclusivo. Zaqueo, a pesar de ser inmensamente rico, era rechazado y marginado por todos sus vecinos a causa de las malas artes con que había amasado su fortuna: la recaudación fraudulenta de impuestos. Según las convenciones sociales de la época, relacionarse con alguien como él representaba quedar señalado y excluido. Jesús, en cambio, no duda ni un momento, toma la iniciativa y, ante la sorpresa de toda la multitud que los rodea, lo señala y, como quien habla con un amigo de toda la vida, le dice que quiere hospedarse en su casa. En aquel tiempo, que un maestro de prestigio, como entonces era considerado Jesús, quisiera hospedarse en casa de alguien era un gran honor. Con su acto, Jesús restituye la dignidad a Zaqueo y lo reintegra a la sociedad.

Otro ejemplo de Jesús acogiendo a alguien que sufre marginación y mostrándole todo su amor es María Magdalena, de quien llegará a decir que su historia será recordada.[vii] Sobre María Magdalena pesa el hecho de que había sido poseída por siete demonios[viii] y, sin embargo, Jesús le da acceso a su círculo más íntimo, a pesar de ser víctima de dos marginaciones: ser mujer y ser poseída.

En el apartado 1.2 de este artículo también hemos visto otro ejemplo de aceptación de alguien que sufre una marginación. Precisamente este caso es para nosotros de sumo interés, porque su marginación está relacionada con el tema que estamos tratando. El centurión mantiene una relación de pareja con otro hombre, cosa que los judíos veían con malos ojos. En cambio, como hemos visto, Jesús lo acoge, lo escucha y, amoroso, le concede lo que pide. Y, además, alaba su fe.

He aquí tres ejemplos de personas marginadas a quienes Jesús acoge. Las tres pertenecían a algún grupo que los judíos despreciaban profundamente. Si el Maestro y Modelo hizo esto, ¿cómo no lo tiene que hacer la que dice ser su cuerpo, la iglesia?

     2.2 ¿El celibato es exigible?

Por otra parte, hay otro aspecto que también debería movernos a reflexión. Se suele decir que Dios ama al pecador y odia el pecado. Esta afirmación, aplicada a las personas LGTBI obligándolas a vivir una vida de absoluta inactividad sexual, es, como mínimo, incoherente. ¿Cómo es posible que Dios, de quien Juan dice dos veces que «es amor»,[ix] pueda llegar a ser tan sádico como para exigir un celibato forzoso a algún hijo suyo? Porque, de hecho, cuando se le dice eso a alguien que tiene una orientación sexual distinta a la mayoritaria en la sociedad, se le está exigiendo que reprima cualquier impulso sexual, so pena de pecar y condenarse.

En cuanto al celibato, Pablo de Tarso es muy claro: «A los solteros y a las viudas les digo que sería mejor que se quedaran como yo. Pero si no pueden dominarse, que se casen, porque es preferible casarse que quemarse de pasión».[x] Todos los cristianos de raíz evangélica o protestante rechazamos el celibato forzoso que la Iglesia Católica Romana impone a sus sacerdotes, quienes escogen el sacerdocio de forma voluntaria. ¿Se lo impondremos a alguien por razón de su orientación sexual, la cual, no lo olvidemos, no pudo escoger? Parece que, por coherencia, no tendría que ser así…

3. Conclusiones finales

En esta serie hemos abordado todos los aspectos vinculados con la relación que la iglesia entendida como comunidad de todos los creyentes habría de tener con las personas LGTBI y su sexualidad. Llega, pues, el momento de recopilar nuestras conclusiones.

En la segunda entrega vimos cómo, después de una lectura pausada y razonada, todos los textos en los que se basan los cristianos contrarios a la plena aceptación de las personas LGTBI dentro de la iglesia perdían su fuerza argumental. Asimismo, acabamos de ver que Jesús, no solo jamás condenó explícitamente la homosexualidad, sino que incluso dio su aprobación implícita a una relación homosexual. Finalmente, ha quedado al descubierto la falta de caridad cristiana que representa la exclusión de la vida eclesiástica de las personas LGTBI, así como la incoherencia de disfrazar la exigencia de un celibato forzoso con la excusa de que Dios ama al pecador pero odia el pecado.

Teniendo en cuenta todo lo que acabamos de decir, la única conclusión a la que podemos llegar es que no hay ninguna base bíblica para condenar una orientación sexual distinta a la heterosexual vivida de acuerdo con los principios, aceptados indiscutiblemente para las relaciones heterosexuales, de amor, respeto y fidelidad, base de una relación de pareja sincera. Nuestra segunda conclusión es que Jesús nunca se refirió a la orientación sexual y, de manera implícita, llegó a permitir una relación de pareja entre dos hombres. Finalmente, entendemos que, si la iglesia quiere seguir el modelo que le dio el Maestro, no habría de excluir a nadie de su seno por ninguna razón, tampoco por su orientación sexual, ni exigir un celibato forzoso a las personas que tienen una orientación sexual distinta a la mayoritaria y deseen compartir una vida en pareja de compromiso y respeto.

En definitiva, la iglesia ha de ser un lugar donde hombres, mujeres, ricos, pobres, poderosos, humildes, heterosexuales, gays, lesbianas, transexuales, bisexuales, intersexuales, todo el mundo, encuentren la acogida y el calor humano que la sociedad niega tan a menudo. Si así fuera, muchas personas que sufren porque querrían participar de la vida de la iglesia con toda naturalidad, pudiendo mostrar sus sentimientos más auténticos, y ahora se sienten excluidas se ahorrarían un sufrimiento totalmente innecesario. Ojalá el Espíritu toque nuestros corazones y nos abra los ojos para que podamos ver lo que el velo del prejuicio ha ocultado tanto tiempo a nuestra mirada.

(Este artículo y los anteriores son una ampliación de la traducción al español de «L’església i les sexualitats “diferents”: Proposta per a una bona relació», publicado en El bloc d’en Cantaire, blog personal del autor, disponible en http://elblocdencantaire.blogspot.com.es/2015_07_09_archive.html)

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[i] Mateo 19: 3. La argucia, sutil, está en el ‘cualquier’. Quieren ponerlo en un compromiso, quieren que defina su postura a favor de alguna de las dos corrientes de interpretación de la ley que había en ese momento, encabezadas respectivamente por Samay y Gamaliel, y poder atacarlo con los argumentos del opositor. Él, como siempre, dará una respuesta inesperada que los deja en evidencia.

[ii] Mateo 19: 4.

[iii] Mateo 19: 8.

[iv] Mateo 8: 5-13.

[v] En aquella época, en el Imperio Romano todos los miembros el servicio doméstico, todos sin excepción, eran esclavos (en los manuscritos griegos referidos siempre como δούλος [doulos]). Pero aquí, paradójicamente, está hablando del παȋς [pais], del “chico”, no de un esclavo; porque el versículo 9 sí menciona a un sirviente y lo hace como δούλος, lo que deja entrever que su relación con el παȋς (el chico) no tiene que ver con la servidumbre o la esclavitud.

[vi] Lucas 19: 1-10.

[vii] Mateo 26: 6-13; Marcos 14: 3-9; Lucas 7: 36-50; Juan 11: 2; 12: 1-8.

[viii] Lucas 8: 2; Marcos 16: 9.

[ix] 1 Juan 4: 8, 16.

[x] 1 Corintios 7: 8, 9.

(Daniel Bosch Queralt. Traductor y corrector de textos. Miembro de la Iglesia Cristiana Adventista del Séptimo Día de Urgell)

6 comentarios sobre “La Iglesia y las sexualidades diferentes. Propuesta para una buena relación (y III)

Agrega el tuyo

  1. La explicación que da Alejandro Medina sobre el asunto de la homosexualidad, es la que acepto prácticamente en su totalidad, a continuación la incluyo. Al autor no tengo el gusto de conocerle, pero acepto su versión al respecto.

    Saludos a todos.

    Isaac Martinez.
    _____________________________________

    ¿Qué dice la Biblia sobre la homosexualidad?
    por Alejandro Medina
    ________________________________________
    Aunque la homosexualidad no es el plan de Dios para la sexualidad humana, la salvación obrada por Jesús está al alcance de todos.

    Es posible que más de un amigo te haya comentado sobre la homosexualidad. Hoy se presenta como algo completamente natural a través de los medios masivos de comunicación. Incluso hay algunos personajes de la farándula que han reconocido su preferencia por personas del mismo sexo, causando con ello furor entre algunos de sus seguidores.

    En más de una ocasión he hablado al respecto con ciertas personas, e incluso conversé hace poco con un entrañable amigo médico que me dio sus puntos de vista. El tema se ha intensificado porque recientemente se ha legalizado el matrimonio entre personas del mismo sexo en México (para el Distrito Federal el 21 de diciembre de 2009) y en Argentina (15 de julio de 2010). ¿Pero qué dice la Biblia sobre la homosexualidad? ¿Aprueban las Escrituras la inclinación hacia la relación erótica con individuos del mismo sexo?

    La homosexualidad entre los vecinos de Israel:

    Desde tiempos antiguos, en el Cercano Oriente la homosexualidad era conocida y practicada como una forma de indulgencia carnal. Antes de la llegada de los israelitas a Canaán, las prácticas sacro homosexuales y la prostitución femenina en los cultos de adoración eran parte de la vida de dichas naciones. Por eso en Levítico 18:1-3, 24-30 y 20:23-25, se da la impresión de que tales prácticas prohibidas para los hebreos eran conocidas entre los egipcios y cananeos. Asimismo, la conducta travesti para propósitos mágicos e incluso el bestialismo, las orgías en lugares altos, la automutilación y el sacrificio de niños, eran parte de los ritos de la religión cananea.

    En los textos cananeos, los dioses destruyen y tienen relaciones sexuales como parte del proceso de la creación. En cambio, el Dios hebreo no necesita del sexo para crear a la humanidad; únicamente requiere hablar. De ahí que se dé innovador sentido al poder de la palabra hablada, y posteriormente escrita.

    La naturaleza sexual en la Biblia:

    Génesis 1:27 dice: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”. Aquí se menciona claramente que el Señor creó una distinción sexual. El texto bíblico señala que cada uno es el complemento del otro y que disfruta de equidad espiritual. No hay ninguna sugerencia en esta parte de la Biblia en cuanto a una división de una criatura bisexual o indiferenciada sexualmente en dos sexos distintos. En Génesis, el sexo no se deifica ni tampoco se niega. Más bien, está sólidamente fundamentado dentro de los propósitos creativos de Dios. Incluso, la principal necesidad mutua del hombre y la mujer se subraya en las Escrituras: juntos forman la unidad de lo que se conoce como humanidad.

    Es gracias a esta unión que el ser humano llega a tener la imagen de Dios; entonces, la dualidad sexual es necesaria para una comprensión plena de la imagen de Dios.

    Los textos bíblicos del Antiguo Testamento:

    Levítico 18:22: “No te echarás con varón como con mujer; es abominación”.
    Levítico 20:13: “Si alguno se ayuntare con varón como con mujer, abominación hicieron; ambos han de ser muertos; sobre ellos será su sangre”.
    Deuteronomio 23:17-18: “No haya ramera de entre las hijas de Israel, ni haya sodomita de entre los hijos de Israel. No traerás la paga de una ramera ni el precio de un perro a la casa de Jehová tu Dios por ningún voto; porque abominación es a Jehová tu Dios tanto lo uno como lo otro”.
    1 Reyes 14:23-24: “Porque ellos también se edificaron lugares altos, estatuas, e imágenes de Asera, en todo collado alto y debajo de todo árbol frondoso. Hubo también sodomitas en la tierra, e hicieron conforme a todas las abominaciones de las naciones que Jehová había echado delante de los hijos de Israel”.

    Las advertencias anteriores hicieron que en Israel la práctica de la homosexualidad no fuera tan común como en los otros pueblos. La ausencia de condenación de esta práctica entre los profetas hebreos es un buen indicador que su influencia era mínima en el pueblo de Dios.

    La iglesia primitiva frente a la homosexualidad:

    Los primeros cristianos vivieron en un mundo que tenía fuertes vínculos con la cultura griega, a pesar de ser dominado por el Imperio Romano. Entre los griegos la homosexualidad estaba muy difundida, y su forma más común era la pederastia. No obstante, también es cierto que la homosexualidad temprana griega era considerada estrictamente una conveniencia controlada en vez de una condición incontrolable y “natural”. El gimnasio era un centro donde se entrenaba a los jóvenes en cuestiones académicas, físicas y militares, que llegó a ser famoso por la práctica de la pederastia. Además, la homosexualidad se mencionaba en algunos dramas griegos, y era considerada por grandes filósofos de la talla de Platón.

    Fue así como la iglesia cristiana tuvo que enfrentar esta situación en la medida que la predicación del evangelio llegó a diversos países del mundo conocido. De ahí que el apóstol Pablo haya hecho referencia a dicha práctica en algunos versículos bíblicos:

    Romanos 1:26-28: “Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen”.
    1 Corintios 6:9-10: ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios”.

    En estos textos el apóstol Pablo afirma que la homosexualidad no es parte del plan de Dios para los sexos. Tampoco es parte de la santificación del cristiano que culmina con la entrada al reino de los cielos. Su práctica está prohibida por la misma autoridad que prohíbe matar y adulterar. Otros textos que se refieren a la homosexualidad en el Nuevo Testamento son 2 Pedro 2:6-10; Judas 7, 8; Apocalipsis 22:14, 15.

    Ahora bien, las personas con orientación homosexual son seres humanos con la facultad de decidir si han de satisfacer sus deseos. Es posible que nunca cambien su orientación, pero sí pueden ejercer el poder de su voluntad y la facultad de elección para inhibir tales deseos y no para realzarlos. En ese sentido han de abstenerse del erotismo con personas del mismo sexo, al igual que el heterosexual soltero debe abstenerse del sexo fuera del matrimonio. Por supuesto, en el caso del homosexual, según el plan de Dios, esta abstención debe durar toda la vida.

    ¿Y si tales inclinaciones son imposibles de contener? Como cristianos creemos que Dios puede cambiar lo que para el mundo es imposible, tanto para los homosexuales como para los heterosexuales. La Biblia dice que todo es posible con la ayuda de Jesús (Filipenses 4:13). ¡Pero si Dios va a perdonarnos a todos! —alegan algunos— ¿cuál es el problema con la homosexualidad? Eso es abaratar la gracia de Dios. Dios tiene poder para guardarnos de pecar.

    ¿Qué debemos hacer los creyentes con los homosexuales? Ellos son seres humanos bajo una situación compleja. Muchos sufren a causa de sus tendencias y necesitan ayuda. Por lo tanto, “la iglesia debe aceptar la orientación sexual de un individuo que necesita ayuda y apoyo y que lucha contra las preferencias hacia el mismo sexo. Pero aquellos que insisten en promover el estilo de vida homosexual activo como una norma natural, o incluso superior a las relaciones heterosexuales, por ese mismo acto desprecian o minan la única autoridad sobre la cual la propia iglesia y su misión están basadas, a saber, las Escrituras”.

    Como cristianos y seguidores de Jesús, hacemos una distinción importante entre el pecado y el pecador. Como Jesús, no aprobamos aquello que Dios no aprueba, pero aun así amamos y aceptamos al pecador. Jesús vino a salvar y a buscar a los perdidos, esto nos incluye a todos.

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    1. Sencillamente, el texto se pega de bofetadas con lo que enseña la iglesia al respecto del celibato forzoso. No puedo compartir esa postura. ¿Dónde queda Pablo al declarar que es mejor una vida en pareja que una abstinencia forzosa?

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    2. Asimismo, ni 2 Pedro 2: 6-10 ni tampoco Apocalipsis 22: 14, 15 mencionan la homosexualidad, sino un estilo de vida impío (ἀσεβέσιν, asebesin: “vivir de forma impía”) en el primer caso y a personas que hacen uso descontrolado del sexo (πόρνοι, pórnoi: “fornicarios”) en el segundo. En cuanto a Judas, ya lo abordo en la segunda parte, por lo que me remito a lo ahí dicho.

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    3. Además, no se trata de que se promueva un estilo de vida, sino que se lo respete. Si algún estilo de vida promoviese la iglesia, ese tendría que ser el celibato, porque así lo aconseja Pablo en 1 Corintios 7: 8, 9… ¡y no lo promueve!

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  2. Creo que la exposición ha sido buena.Es un tema que el creyente debe abordar ,hablamos del 10% de las personas que sumados ,son bastante gente.Nada mas que decir

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