La Iglesia y las sexualidades diferentes. Propuesta para una buena relación (II)

Como ya apuntamos en la entrega anterior (ir), los cristianos contrarios a la aceptación de las personas LGTBI en el seno de la iglesia basan toda su argumentación en una lista de textos en los que, aparentemente, se condena la homosexualidad como un pecado abominable y se establece que la única unión válida a ojos de Dios es la unión heterosexual monógama. Dedicaremos esta entrega a estudiarlos con detenimiento. A tal efecto, y por la claridad de su fraseología, nos basaremos en la traducción de la Nueva Versión Internacional.

Un primer examen nos permitirá ver que se perfilan varios grupos de textos relacionados entre sí:

  • Génesis 1: 27-29; 2: 21-24: A pesar de estar ubicados en capítulos diferentes, pertenecen a la serie del relato de la creación.
  • Génesis 19: 1-29: Es el relato de la destrucción de Sodoma y Gomorra. Quizás sea el texto más recurrente a la hora de combatir y marginar la homosexualidad dentro de la iglesia.
  • Levítico 18: 22; 20: 13: Están incluidos en lo que se llama el código de santidad, que comprende los capítulos 17 al 26.
  • Romanos 1: 26, 27; 1 Corintios 6: 9; 1 Timoteo 1: 10: Todos ellos comparten el autor, Pablo de Tarso, y están separados por un tiempo relativamente corto. Por tanto, son fruto de un mismo pensamiento.
  • Judas 7: Nos encontramos con una de las epístolas llamadas universales.

Así pues, los estudiaremos siguiendo este patrón.

1. El relato de la creación (Génesis 1: 27-29; 2: 21-24)

Lo primero que el cristiano que se muestra contrario a considerar la orientación LGTBI aceptable para Dios dice es que, según el relato bíblico, en el momento de crear al hombre y a la mujer, Dios instituyó la pareja humana formada por dos personas de sexo diferente. Contra esto no hay nada que decir.

Sin embargo, una afirmación tan categórica exige cierta matización. Ciertamente, parece que el plan original de Dios sea una pareja formada por un hombre y una mujer, con el mandato de multiplicarse y llegar a todos los rincones de la tierra. Pero nos movemos en un entorno ideal, en el que todavía no ha irrumpido un elemento de distorsión como es el pecado.

Con el pecado, los planes originales de Dios para nuestro planeta quedan alterados; hasta el punto de que él mismo tiene que intervenir para enderezar una situación que se ha desviado de la línea trazada y que, si se la abandona a su suerte, acabará en desastre. Por ello, Dios se adapta a las nuevas circunstancias y pone en marcha todo el plan de la redención, que culminará con la Parusía y la restauración de la Tierra a un estado similar, pero no idéntico, al original.

Mientras tanto, los seres humanos tendrán que vivir en un mundo donde, como consecuencia de la entrada del pecado, han aparecido varias modificaciones. Las más evidentes se enumeran en el propio texto bíblico. Veamos:

«Dios el Señor dijo entonces a la serpiente: “Por causa de lo que has hecho, ¡maldita serás entre todos los animales, tanto domésticos como salvajes! Te arrastrarás sobre tu vientre, y comerás polvo todos los días de tu vida. Pondré enemistad entre tú y la mujer, y entre tu simiente y la de ella; su simiente te aplastará la cabeza, pero tú le morderás el talón”. A la mujer le dijo: “Multiplicaré tus dolores en el parto, y darás a luz a tus hijos con dolor. Desearás a tu marido, y él te dominará”. Al hombre le dijo: “Por cuanto le hiciste caso a tu mujer, y comiste del árbol del que te prohibí comer, ¡maldita será la tierra por tu culpa! Con penosos trabajos comerás de ella todos los días de tu vida. La tierra te producirá cardos y espinas, y comerás hierbas silvestres. Te ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la misma tierra de la cual fuiste sacado. Porque polvo eres, y al polvo volverás”» (1).

Sin entrar en la naturaleza profética de este texto, queda bastante claro que aquel entorno original ha desaparecido. Se han producido cambios que afectan a toda la creación:

  • La serpiente pierde gran parte de su atractivo. Parece ser que, según el relato, originalmente la serpiente era un animal muy vistoso y agradable de ver. Aunque aún ahora conserva algo de su belleza original, aquí queda condenada a arrastrarse y a despertar fuertes animadversiones. Todos conocemos a alguien que sufre herpetofobia.
  • La mujer ve como la gestación se hace pesada y el parto es entre dolores. Una experiencia que, por naturaleza, tenía que ser placentera se convierte en una carga y un inconveniente. Asimismo, su relación con el hombre deja de ser de igual a igual y se transforma en otra de dominación en la que ella es la parte más perjudicada.
  • Finalmente, aunque relacionándolos con el hombre, se hace referencia a toda una serie de cambios que afectan al medio ambiente en su conjunto. Básicamente, la naturaleza, que había sido diseñada para ser un entorno agradable y acogedor, deviene hostil y obliga al ser humano a trabajar y esforzarse para obtener el sostén y asegurarse la supervivencia.

Teniendo en cuenta todo esto y observando la conducta de los animales, que bastante más a menudo de lo que parecería a primera vista presentan pautas de comportamiento homosexuales (2) pensamos que las orientaciones sexuales distintas a la heterosexual son una más de aquellas modificaciones, ni buenas ni malas en sí mismas, que la irrupción del pecado provocó en los planes originales de Dios. Por tanto, el primer escollo ha quedado superado. El relato de la creación no es una base suficientemente sólida como para declarar que la orientación sexual LGTBI es pecado. Su aparición estaría vinculada a éste, como está vinculado el hecho de tener que trabajar para obtener el sustento; y nadie afirma que esto sea pecaminoso. Sencillamente, las circunstancias son otras y, aunque no es la ideal, debido a su amor infinito, Dios se adapta a la nueva situación.

2. Sodoma y Gomorra (Génesis 19: 1-29)

El segundo texto que se lanza a la cabeza de las personas LGTBI es el relato de la destrucción de Sodoma y Gomorra. Es, quizás, el que más daño ha hecho a lo largo de toda la historia y el que más vidas ha llegado a costar. Hay que reconocer, sin embargo, que la contundencia de la catástrofe que se produce es aterradora. Tanta es la indignación de Dios que dos ciudades enteras, con todo lo que hay dentro de ellas, quedan destruidas. No reproduciremos aquí todo el texto porque es un relato muy conocido de la mayoría de los que leerán este trabajo y no les costará nada tenerlo bien presente mientras lo analizamos.

De hecho, el relato no comienza con el primer versículo del capítulo 19, sino al inicio del capítulo 18, en el que Dios, acompañado de dos ángeles, visita a Abraham mientras está en el encinar de Mamré. En este encuentro, Dios aprovecha para anunciar al patriarca que su esposa Sara le dará un hijo. Justo después de eso, se hace la advertencia de la destrucción de Sodoma y Gomorra (3), Dios declara que el clamor contra el pecado de estas dos ciudades ha subido hasta él y ha venido a comprobar personalmente la veracidad de lo que se le ha dicho.

La escena nos presenta a Abraham, que sabe que Lot está en Sodoma, intercediendo para convencer a Dios de que no la destruya y así salvar a su sobrino. La imagen es muy típica del mercadeo en Oriente. Se produce un regateo en el que, finalmente, Dios concede que, por pocos que sean los justos que encuentre, no destruirá las ciudades (4).

Con el capítulo 19, el relato nos lleva, ahora sí, a Sodoma. Después de unos preliminares de cortesía, Lot, que conoce muy bien a sus vecinos, consigue que los extranjeros se hospeden en su casa. De este capítulo nos interesan muy especialmente los versículos 4-9, que son, precisamente, los que se usan para acusar de depravadas las personas LGTBI y que, tradicionalmente, se refería sólo a los gays (5).

En un principio, pretender determinar el carácter de toda una ciudad por lo que se narra en unos cuantos versículos de la Biblia sin que esto se diga expresamente parece, cuando menos, atrevido. Es apenas una pincelada de lo que esa gente era capaz de hacer. Pero seamos benévolos y dejemos esta cuestión para un poco más adelante.

El texto relata que «los hombres de la ciudad de Sodoma rodearon la casa [de Lot]. Todo el pueblo sin excepción, tanto jóvenes como ancianos, estaba allí presente» (6). Es interesante notar cómo el autor se esfuerza por dejar claro que no faltaba ninguno recurriendo a una redundancia. Por lo tanto, cuesta creer que aquellos centenares de hombres tuvieran todos una orientación homosexual, porque si así fuera ya haría tiempo que Sodoma habría dejado de existir por falta de nacimientos. No hay ninguna duda de que entre ellos los había, pero no todos tenían esta condición.

En el versículo 5 dejan claras sus intenciones: «Queremos acostarnos con ellos». Es decir, los quieren violar, obligarlos a mantener una relación sexual no consentida y humillarlos; yendo ellos mismos contra su propia naturaleza, porque, como ya hemos dicho, no era una población 100% homosexual, sino que una gran mayoría eran heterosexuales.

Lot, obligado por las normas de la hospitalidad, intercede en favor de sus huéspedes y ofrece sus dos hijas vírgenes, su bien más preciado, para que hagan con ellas lo mismo que querían hacer con los viajeros (7). La respuesta no se hace esperar: «Sólo faltaba que un extranjero como tú nos quisiera mandar. ¡Pues ahora te vamos a tratar peor que a ellos!» (8). En resumen, dejarán de tolerarlo y lo vejarán quizás aún más que a sus huéspedes. A partir de aquí todos sabemos cómo termina la historia y ya no se dice nada que interese para el debate que nos ocupa.

Unos cuantos párrafos más arriba ya hemos dicho que querer inferir el carácter de toda la población de una ciudad por lo que dicen dos o tres versículos sin que se aclare explícitamente la circunstancia es muy arriesgado, cuando no una irresponsabilidad. Tradicionalmente, se ha aducido que el pecado de Sodoma era la homosexualidad, concretamente la masculina; hasta el punto de que esta ciudad dio nombre a la práctica sexual que se le atribuía: sodomía.

Ahora bien, ¿qué dice la misma Biblia respecto de los pecados de Sodoma? Unos siglos más adelante se vuelve a hablar de aquella ciudad y se la pone de ejemplo de pecaminosidad haciendo mención de sus crímenes: «Tu hermana Sodoma y sus aldeas pecaron de soberbia, gula, apatía, e indiferencia hacia el pobre y el indigente» (9). El texto se encuentra en medio de un reproche a Jerusalem por haber cometido pecados aún más graves que los de Sodoma. Sea como sea, aquí no aparece por ninguna parte pecado alguno relacionado con la moral sexual. Bien al contrario, habla de menosprecio, de explotación del más débil, de vejaciones, etcétera.

Si comparamos lo que ocurre en Génesis 19 con este texto, veremos que lo que quieren hacer los sodomitas es exactamente lo que aquí se dice. Por lo tanto, el pecado que empuja a Dios a destruir Sodoma no es nada que esté relacionado con la orientación sexual, ni siquiera con la conducta sexual, sino con el ansia de maltratar y vejar que, dados los esfuerzos de Lot al comienzo del capítulo para conseguir que los extranjeros se hospeden en su casa y no pasen la noche en la plaza, debía de ser bastante común.

Asimismo, que Lot ofrezca a sus hijas para proteger a los extranjeros demuestra hasta qué punto él mismo había caído en la depravación de la ciudad. ¿Acaso no era tan execrable que lo mismo que querían hacer con los extranjeros lo hicieran con sus dos hijas? Y, en cambio, él sí es perdonado y no los demás. Y no hablemos de su esposa, que aunque no era homosexual, también es destruida.

He aquí otro mito que cae. El pecado de Sodoma no es tener relaciones sexuales hombres con hombres, sino utilizar la sexualidad, entre otras cosas, para vejar, humillar y despojar a alguien de su dignidad de persona.

3. El código de santidad (Levítico 18: 22; 20: 13)

A primera vista, estos dos versículos parecen bastante claros. La prohibición es bien explícita. Pero, ¿qué se prohíbe? Veamos: «No te acostarás con un hombre como quien se acuesta con una mujer. Eso es una abominación» (10).

Una lectura rápida parece avalar la postura combativa contra la homosexualidad. Pero, ¿realmente es así? Vayamos por partes. Ya se ha dicho que estos dos versículos están incluidos en lo que se llama el código de santidad, que abarca del capítulo 17 hasta el 26 del Levítico. Una lectura más cuidadosa nos revelará un detalle que, de otro modo, podría pasar por alto. Hay un matiz, una expresión que limita el alcance del crimen: «como quien se acuesta con una mujer». Es decir, si un hombre es heterosexual, no debe practicar sexo con otro hombre como si éste fuera una mujer, no debe despojarlo de su masculinidad.

Por otra parte, en Deuteronomio 23: 17, 18, encontramos: «Ningún hombre o mujer de Israel se dedicará a la prostitución ritual. No lleves a la casa del Señor tu Dios dineros ganados con estas prácticas, ni pagues con esos dineros ninguna ofrenda prometida, porque unos y otros son abominables al Señor tu Dios».

El texto habla de prostitución ritual practicada tanto por hombres como por mujeres y las declara «abominables al Señor». La razón de que este precepto se haya incluido en el texto de la ley es que entre los pueblos cananeos era habitual la celebración de ritos de fertilidad vinculados a la pareja de divinidades Astarté (Astaroth en el Antiguo Testamento) y Baal y en estos ritos de fertilidad tenía un papel muy importante la prostitución ritual que, a menudo, iba acompañada de sacrificios infantiles. Por tal motivo, con el ánimo de impedir que el culto de los israelitas se contaminara, se prohíbe esta práctica que en Levítico se recoge dentro del código de santidad y en el Deuteronomio se compila en las normas de pureza ritual del campamento. Esto hace pensar que uno y otro se refieren a la misma práctica. Por lo tanto, Levítico 18: 22 y 20: 13, como Deuteronomio 23: 18, 19, no hacen referencia a una relación sexual cualquiera, sino a un rito pagano.

Es decir, la precipitación y la falta de reflexión a la hora de leer el texto bíblico perjudica la correcta interpretación. Por tanto, estos textos tampoco condenan la orientación homosexual y, de rebote, LGTBI.

4. Pablo de Tarso (Romanos 1: 26, 27; 1 Corintios 6: 9; 1 Timoteo 1: 10)

De los tres textos, el que desarrolla mejor el pensamiento paulino es Romanos 1: 26, 27. Esto quiere decir que estudiándolo primero casi tendremos todo el trabajo hecho para los otros dos.

En primer lugar, es conveniente hacer una lectura cuidadosa del texto dentro de su contexto:

«Ciertamente, la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los seres humanos, que con su maldad obstruyen la verdad. Me explico: lo que se puede conocer acerca de Dios es evidente para ellos, pues él mismo se lo ha revelado. Porque desde la creación del mundo las cualidades invisibles de Dios, es decir, su eterno poder y su naturaleza divina, se perciben claramente a través de lo que él creó, de modo que nadie tiene excusa. A pesar de haber conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se extraviaron en sus inútiles razonamientos, y se les oscureció su insensato corazón. Aunque afirmaban ser sabios, se volvieron necios y cambiaron la gloria del Dios inmortal por imágenes que eran réplicas del hombre mortal, de las aves, de los cuadrúpedos y de los reptiles.

»Por eso Dios los entregó a los malos deseos de sus corazones, que conducen a la impureza sexual, de modo que degradaron sus cuerpos los unos con los otros. Cambiaron la verdad de Dios por la mentira, adorando y sirviendo a los seres creados antes que al Creador, quien es bendito por siempre. Amén.

»Por tanto, Dios los entregó a pasiones vergonzosas. En efecto, las mujeres cambiaron las relaciones naturales por las que van contra la naturaleza. Así mismo los hombres dejaron las relaciones naturales con la mujer y se encendieron en pasiones lujuriosas los unos con los otros. Hombres con hombres cometieron actos indecentes, y en sí mismos recibieron el castigo que merecía su perversión.

»Además, como estimaron que no valía la pena tomar en cuenta el conocimiento de Dios, él a su vez los entregó a la depravación mental, para que hicieran lo que no debían hacer. Se han llenado de toda clase de maldad, perversidad, avaricia y depravación. Están llenos de envidia, homicidios, disensiones, engaño y malicia. Son chismosos, calumniadores, enemigos de Dios, insolentes, soberbios y arrogantes; inventores de maldades; se rebelan contra sus padres; son insensatos, desleales, insensibles, despiadados. Saben bien que, según el justo decreto de Dios, quienes practican tales cosas merecen la muerte; sin embargo, no sólo siguen practicándolas sino que incluso aprueban a quienes las practican» (11).

Una primera lectura no permite establecer si está hablando de la homosexualidad masculina en concreto o de alguna otra cosa. Todo el texto se centra en la deshonestidad y la pecaminosidad de la conducta de los paganos, definida en los versículos 29 al 31, donde no se ve ningún rastro de sexualidad.

Ahora bien, hay quien blande los versículos 26 y 27 (12) como una condena explícita de la homosexualidad masculina. Aquí también habría que tener cuidado porque, en aquel momento de la historia de la humanidad, concretamente en el Imperio Romano, la prostitución ritual aún era una práctica bastante común. Además, en los versículos que preceden, Pablo describe con todo lujo de detalles cómo son los cultos paganos, lo que inscribe estas palabras en un contexto cultual. Es decir, en esta circunstancia, toma todo el sentido lo que se dice en estos dos versículos. Pablo, como buen fariseo que era, sabía muy bien qué implicaba participar en ritos paganos.

Tampoco hemos de pasar por alto cómo describe el apóstol estas conductas sexuales que censura: «Las mujeres cambiaron las relaciones naturales por las que van contra la naturaleza» y «los hombres dejaron las relaciones naturales con la mujer y se encendieron en pasiones lujuriosas los unos con los otros. Hombres con hombres cometieron actos indecentes». En uno y otro hay dos ideas que son centrales, la naturaleza y la conducta contraria a esta naturaleza.

Hoy en día sabemos que la orientación sexual y la conducta sexual son dos conceptos diferentes, que una no implica necesariamente la otra. También sabemos que tanto es ir contra la naturaleza que una persona heterosexual se comporte como una persona LGTBI como que una persona LGTBI lo haga como heterosexual. Y precisamente eso es lo que el texto dice que no se debe hacer, cambiar el uso natural o dejar la relación natural. Para una persona LGTBI el uso natural, la relación natural, es la que se mantiene con otra persona que tiene una orientación compatible con la suya. Porque, así como una persona heterosexual no aspira a una relación que no sea heterosexual, tampoco una persona LGTBI aspira a una relación que no esté en sintonía con su orientación sexual; para ella sería ir contra su propia naturaleza. Es decir, si lo hiciera, estaría incurriendo en la misma falta que el apóstol condena.

Por otra parte, la sexualidad es un medio que Dios pone a disposición de los seres humanos para mostrarse afecto mutuo, por lo que uno y otro llegan al máximo grado de intimidad. En el caso de la prostitución ritual, en cambio, la sexualidad es un medio de explotación de una parte más fuerte, la que adquiere, porque paga para obtenerlos, los favores sexuales de la persona que los vende, porque presta su cuerpo a cambio de un dinero u otro tipo de ganancia que necesita. Queda claro que aquí se produce una situación de explotación y dominación y eso es, precisamente, lo que toda la Biblia desaprueba: la imposición de conductas no consentidas libremente. Porque, no lo olvidemos, la Biblia también condena la violación de la propia esposa (13), aunque, seis versículos antes, a ella le manda sumisión al marido (14).

Finalmente, hay un matiz que, de manera intencionada o no, la mayoría de traducciones del Nuevo Testamento, o casi todas, han omitido y que no por ser pequeño deja de ser importante. Romanos 2: 1 reza como sigue: «Por tanto, no tienes excusa tú, quienquiera que seas, cuando juzgas a los demás, pues al juzgar a otros te condenas a ti mismo, ya que practicas las mismas cosas». Curiosamente, esta versión sí recoge de algún modo una particularidad que tiene el original griego. Se trata de un vocativo, una apelación directa a su lector u oyente (15). El vocativo en cuestión es «ὦ ἄνθρωπε» (o anthrope, “oh hombre”). Si tenemos en cuenta esto, todo cuanto se dijo en Romanos 1: 18-32 no sale de Pablo, sino de aquél a quien Pablo invoca (es decir, su oyente o lector) y el sentido del texto cambia. Parafraseando el original, la traducción vendría a ser algo parecido a: «Tú dices que, no hay duda, la ira de Dios […] sino que aprueban a quienes las practican. Pero, ¡ay, amigo!, no tienes excusa; al acusarlos y juzgarlos tú mismo te condenas, porque tú también lo haces». Por lo tanto, en esta lectura Pablo no refrenda esas palabra. Al contrario, reprende al que las pronuncia y lo advierte contra el peligro de juzgar al prójimo.

En definitiva, nada nos lleva a pensar que Pablo, en Romanos 1: 26, 27, esté condenando explícitamente la homosexualidad. La lectura atenta del texto hará que nos demos cuenta de que el objeto de su recriminación es la conducta deshonesta y carente de escrúpulos de los paganos, tanto en el ámbito de los asuntos diarios como en el de la sexualidad. O incluso podremos llegar a advertir que lo que se supuso que eran palabras de Pablo, en realidad son de sus oyentes o lectores; con lo cual no tendría nada que ver con ellas.

Con esto en mente, los otros dos textos, 1 Corintios 6: 9 y 1 Timoteo 1: 10, ya no parecen tan claros. No parece que hagan referencia a la orientación sexual de las personas, sino a unas conductas que van contra su propia naturaleza. Una vez más, unos textos que se habían interpretado en un sentido dicen justamente lo contrario de lo que se les había hecho decir.

5. Judas 7

«Así también Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas son puestas como escarmiento, al sufrir el castigo de un fuego eterno, por haber practicado, como aquéllos, inmoralidad sexual y vicios contra la naturaleza». No se ve por ninguna parte ninguna señal de la homosexualidad ni nada que tenga que ver con las personas LGTBI. Se habla de «inmoralidad sexual» y de «vicios contra la naturaleza». En resumen, al leerlo se piensa más bien en conductas sexuales fuera de control y parafilias. Tampoco aquí se está condenando nada que tenga que ver con una orientación sexual determinada.

6. Conclusiones sobre el estudio de los textos

Vistos todos los textos que se suelen sacar para justificar la condena de la orientación LGTBI, nada induce a creer que esto se haga sobre una base bíblica. Todo lleva a pensar que nos encontramos ante una idea preconcebida que se ha querido revestir con una argumentación de tipo pseudobíblico. Queda por ver qué opinaba Jesús al respecto de la sexualidad, así como otros aspectos relacionados con la exclusión de las personas LGTBI de la iglesia. Nos ocuparemos de todo ello en la siguiente entrega. (Continuará…)

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(1) Génesis 3: 14-19.

(2) Son caso paradigmático los bonobos, unos primates superiores emparentados con los chimpancés que se relacionan constantemente mediante el sexo, incluso entre individuos del mismo género. Otro ejemplo de comportamiento homosexual en los animales se da entre los pingüinos, que, recordemos, tienen pareja estable hasta la muerte de uno de los dos miembros. En este caso, se han observado parejas de machos que, juntos, empollan un huevo que ha quedado desprotegido y luego alimentan al pollo que nace como si fueran los padres biológicos. En el siguiente enlace se presenta el caso de una pareja del Zoo de Madrid: www.abc.es/20120519/sociedad/abci-pinguinos-padres-homosexuales-201205191635.html. Asimismo, tampoco hay que ir muy lejos para encontrar otro ejemplo de comportamiento homosexual: piénsese en las vacas que, juguetonas, se montan unas a otras.

(3) Ver Génesis 18: 20, 21.

(4) Génesis 18: 24-32.

(5) Insistimos en que hablar de personas LGTBI en tiempos bíblicos es un anacronismo flagrante pero que lo hacemos, como hemos dicho, en beneficio de la claridad a la hora de explicar los hechos.

(6) Génesis 19: 4.

(7) Ver Génesis 19: 6-8.

(8) Génesis 19: 9. Le recuerdan que él también es un extranjero y que, por tanto, se sienten libres de hacerle lo mismo que harán a sus huéspedes porque, en aquella época, los extranjeros no tenían ningún derecho, estaban a merced de la buena voluntad de la gente del país.

(9) Ezequiel 16: 49.

(10) Levítico 18: 22. El otro versículo es la copia literal de este añadiendo el castigo que debe aplicarse, concretamente, la muerte de ambos.

(11) Romanos 1: 18-32.

(12) «Por tanto, Dios los entregó a pasiones vergonzosas. En efecto, las mujeres cambiaron las relaciones naturales por las que van contra la naturaleza. Así mismo los hombres dejaron las relaciones naturales con la mujer y se encendieron en pasiones lujuriosas los unos con los otros. Hombres con hombres cometieron actos indecentes, y en sí mismos recibieron el castigo que merecía su perversión».

(13) Cf. 1 Pedro 3: 7.

(14) Cf. 1 Pedro 3: 1.

(15) El texto griego es como sigue: «Διὸ ἀναπολόγητος εἶ, ὦ ἄνθρωπε πᾶς ὁ κρίνων· ἐν ᾧ γὰρ κρίνεις τὸν ἕτερον, σεαυτὸν κατακρίνεις, τὰ γὰρ αὐτὰ πράσσεις ὁ κρίνων» (TR1894).

(Daniel Bosch Queralt. Traductor y corrector de textos. Miembro de la Iglesia Cristiana Adventista del Séptimo Día de Urgell)

9 comentarios sobre “La Iglesia y las sexualidades diferentes. Propuesta para una buena relación (II)

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  1. Gracias Dani por este estudio que has hecho,te honra.Creo que hay poco mas que añadir.Cuando has mencionado los textos del Génesis,creced y multiplicaos,obviamente Dios lo quiere,de ahí sale todo lo demás.Cuando se dice muchas veces,la Biblia dice creced y multiplicaos,no quiere decir que solo exista eso porque en ese texto no se mencione.Habría casos,pocos por el contexto cultural de la época de gente que no quisiera multiicarse,es decir cero hijos.Y no seria malo.El comportamiento humano es diverso.Por ultimo es salirme de lo que has expuesto y es mencionar,algo que descubrí no llega a diez años,no sabia ni que existía.Son personas asexuales,existen asociaciones de personas asexuales.No tienen ni el más mínimo deseo,pueden tener pareja ,pero no sienten la necesidad de hacerlo,pueden hacerlo para tener hijos.Cuando tienen pareja,su trato son besos,ir cogidos de la mano y rara vez algo mas.Esto lo digo por lo siguiente,imaginar que a,este tipo de personas,pongamos casos de asexuales emparejados,se les presionara mucho,para que se sintieran mal por ser como son.No hacéis esto…….Cuando hablabas antes de las relaciones contra natura,en este caso para ellos seria asi.Se basan en los sentimientos no en el sexo.Gracias por tu exposición Dani.

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  2. Buen artículo, me gustaría añadir a la lista Mateo 19:4 y de que manera pudiera interpretarse y esto lo comento con el deseo de ser edificado no para tumbar nada. Dios les bendiga

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  3. 1. La creación del humano: varón y mujer (Génesis 1: 26-29; 2: 21-24)

    Daniel Bosch Queralt (DBQ), termina el primer párrafo del enunciado sobre la protología humana afirmando: «Dios instituyó la pareja humana formada por dos personas de sexo diferente. Contra esto no hay nada que decir». ¿Este es todo vuestro análisis sobre Gn 1:26-29; 2:21-24? Aquí no hay una reflexión de los textos citados, solo una afirmación que parece involuntaria: «no hay nada que decir». ¿Cómo qué no hay más nada por decir?, ¿por qué no exploráis la riqueza de los textos citados y reflexionáis sobre la sexualidad? Lo que veo del autor es que inmediatamente se remite a la caída de la humanidad para «justificar» una posible variación de la sexualidad. Pero esta la abordaré en otro enunciado, ya que no hacéis justicia a la antropología bíblica.

    La persona de Dios es un Ser pensante; es en Su pensamiento que Dios concibió crear lo humano: ‘ā-ḏām según su «imagen» y « semejanza» (Gn 1:26). Una vez pensando el ‘ā-ḏām entonces Dios procede a ejecutar Su pensamiento: «Y Dios creó al ser humano a su imagen; lo creó a imagen de Dios. Hombre y mujer los creó» (1:27). En 1:26 ‘ā-ḏām es asexuado es visto como el macro, pero en 1:27 se delimita al ‘ā-ḏām en «varón y mujer». En pocas palabras, el concepto ‘ā-ḏām solo es posible cuando se habla de «varón y mujer». La unión de estos dos sexos es lo que permite la existencia de la humanidad, por esto Dios bendice a la pareja; sin embargo, la bendición está marcada sobre una pareja heterosexual, y esta bendición se delimita a la cláusula de 1:28.

    En Génesis 2 se cierra el relato de creación con una segunda bendición: el sábado (2:3). Aparece el mismo verbo way-ḇā-reḵ de 1:28, lo que Dios bendice lo establece y lo que él establece es perpetuo. Ahora se introduce la creación de la mujer en un contexto de complementación: «No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada» (2:18). El varón está incompleto; de modo que la única persona que puede completarlo es otra igual a él ‘ê-zer kə-neḡ-dōw. Y no es una de su mismo género, mucho menos un animal; sino una mujer. La mujer es creada por Dios para completar el concepto ‘ā-ḏām al unirse con el varón. De hecho, el hombre se sintió solo e incompleto (2:20). Cuando el varón ve a la mujer exclama en una poesía (2:23) que culmina con una afirmación de lo que Dios estableció: «se unirá a su mujer, y serán una sola carne» (2:24).

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  4. La retórica propuesta por DBQ, desconoce el hecho de que Jesús citó en sus reflexiones lo que Dios estableció: el matrimonio y el sábado. Cuando los fariseos lo increparon sobre sus discípulos que recogían espiga el sábado, Cristo los remitió a la creación: «El sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado —añadió—. Así que el Hijo del hombre es Señor incluso del sábado» (Mr 2:27-28). ¿Por qué no guardáis el domingo o el jueves?, y sí lo hicieras, ¿no estarías incurriendo en desobediencia?, ¿acaso la desobediencia no os lleva al pecado? Así es, el pecado es infracción de la Ley (1Jn 3:4, cf. Ex 20:3-17).

    En cuanto al matrimonio, Jesús volvió a apelar a la creación ante un asunto como el divorcio. «¿No han leído que en el principio el Creador ‘los hizo hombre y mujer’, y dijo: ‘Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa, y los dos llegarán a ser un solo cuerpo’?» (Mt 19:4-5). ¿Cuál es la reflexión de Jesús sobre el acto de la bendición? «Así que ya no son dos, sino uno solo. Por tanto, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre» (19:6). Es de destacar que Dios nunca permitió el divorcio, la permisividad es de Moisés, y Cristo la anuló con el principio de la creación.

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  5. 1.1. La caída como distorsión de la creación

    Estoy en pleno acuerdo con DBQ en que el pecado distorsiono el plan original de Dios sobre lo humano. Sin embargo, partiendo del pecado vosotros acomodáis a Dios al mal. Ahora Dios «se adapta a las nuevas circunstancias», y es en esa «adaptabilidad» en la que es obligado a aceptar las «nuevas modificaciones». ¿De dónde sacáis semejante conclusión? Dios no Se «adapta» al pecado (Sal 5:4; 92:15; Isa 59:2; Ro 9:14): «¡Oh gente adúltera! ¿No saben que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Si alguien quiere ser amigo del mundo se vuelve enemigo de Dios» (Stg 4:4). El plan de Dios sigue aún vigente, la redención no es una aceptación del pecado, sino un rescate por la humanidad (Jer 29:11; Jn 3:16-18; Ro 6:16). El propósito del plan de la redención es llevar a la humanidad al plan original. Las «nuevas modificaciones» y alteraciones no son voluntad de Dios, son la consecuencia de la libre decisión del humano en aceptar el pecado.

    Deberías reflexionar sobre el porqué Dios expulsó al varón y la mujer del Edén. Es un reflejo de que el pecado no es aceptado por Dios en ninguna de sus formas. Todo lo que distorsionó el plan original de Dios será llamado de aquí en adelante: pecado. Las palabras del Señor sobre la humanidad no son otra cosa que las consecuencias del pecado. Los actos del humano devienen en dos maldiciones que Dios pronuncia sobre: la serpiente y la tierra (3:14 cf. 3:17). En cuanto a lo que se le dice al varón y la mujer son descripciones y no prescripciones por causa del pecado (3:16 cf. 3:17-19). La última frase incluye la muerte.

    En ese proceso de degeneración se continúa el conflicto cósmico. Las fuerzas del bien luchan contra las del mal, y Dios está en abierta oposición al pecado y sus consecuencias. En este sentido las relaciones heterosexuales son el modelo que Dios deja al igual que el sábado, y todo lo creado. Una alteración de lo que Él estableció es un ataque frontal contra Dios. ¿Por qué Dios reprobó el acto de Caín contra Abel? Es evidente, la vida es otorgada por Dios y una supresión de la misma es contra su voluntad. Aunque los humanos mueran como consecuencia del pecado, no significa que Dios ignore el asesinato, un ataque contra el plan original.

    Pero vosotros decís lo contrario. Todo acto contra el plan original es parte de esa «adaptabilidad», el pecado a fin de cuentas no es otra cosa que «una pequeña variación» del plan edénico. Con este pensamiento abordáis la homosexualidad: «una más de aquellas modificaciones, ni buenas ni malas en sí mismas». ¿Cómo reflexionáis de esta manera? No habéis leído que la caída no es un asunto neutral, fue una catástrofe para todos. ¿Diréis entonces que la muerte no es ni buena ni mala en sí misma? La homosexualidad no es una pequeña «modificación» sino una tremenda «distorsión» del plan edénico. El ‘ā-ḏām no es la suma de hombres con hombres o mujeres con mujeres, sino la fusión del varón y la mujer.

    Os preguntaré, ¿el diluvio es una demostración de la «adaptabilidad» de Dios al pecado? ¿Acaso Dios interpretó el pecado como un mero asunto de «modificación»? ¿No habéis leído que Dios se hartó de la depravación de la humanidad? «Voy a borrar de la tierra al ser humano que he creado. Y haré lo mismo con los animales, los reptiles y las aves del cielo. ¡Me arrepiento de haberlos creado!» (Gn 6:7). Desde fornicación, asesinatos, robos, homosexualidad, y pare de contar, había cundido en la sociedad antediluviana.

    En conclusión a la antropología bíblica, Dios creó a la humanidad en varón y mujer. El varón solo puede ser completado por una mujer, y una mujer por un varón. De hecho, la bendición, lo que unió Dios fue a una pareja heterosexual y nada lo puede separar. Todo intento de usurpar la fusión establecida por Dios, es un ataque frontal contra el plan divino y por ende es pecado. La ausencia de homosexuales en el relato edénico es suficiente argumento para desaprobar esta práctica. Así como el sábado fue instituido por Dios en el Edén, lo fue también el matrimonio heterosexual. Sí defendéis el sábado como el día verdadero de descanso y condenáis otros días por ser contrario al que Dios estableció, ¡haced lo mismo con la sexualidad!.

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  6. 2. Sodoma y Gomorra: El pecado tiene un límite (Gn 19:1-29)

    DBQ ahora explora la situación de la ciudad de Sodoma y Gomorra. Un relato bíblico sobre la destrucción de dos ciudades imbuidas en el pecado y la depravación. El artículo señala que el relato ha sido usado para decir que el pecado exclusivo de estas ciudades era la homosexualidad. A esto debo hacer una rotunda negación. Las ciudades de Sodoma y Gomorra practicaron todo tipo de males, incluyendo la homosexualidad. Dentro de la narrativa el autor del Génesis resalta esta práctica que era muy común en las civilizaciones cananeas. Los habitantes de la ciudad sintieron atracción por los visitantes, y el hecho de que jóvenes y ancianos se involucraran en la escena denota que practicaban relaciones homosexuales.

    El autor hace una afirmación en cuanto a la imposibilidad de que toda una ciudad practicara el homosexualismo, partiendo de una conjetura: «cuesta creer que aquellos centenares de hombres tuvieran todos una orientación homosexual, porque si así fuera ya haría tiempo que Sodoma habría dejado de existir por falta de nacimientos». Esto es una afirmación ingenua y poco seria. ¿Quién os dijo que las civilizaciones antiguas legalizaron los matrimonios homosexuales? Los antiguos tenían matrimonios heterosexuales y aun así practicaban actos homosexuales fuera de sus relaciones maritales (Mesopotamia, Babilonia, Egipto, Grecia y Roma). Para los hebreos estos actos depravantes estaban condenados por Dios.

    Ahora DBQ intenta hacer una modificación a lo que ellos practicaban, argumentando que 19:5 denota un intento de «violación» masiva contra los visitantes en casa de Lot. Con esto se intenta demostrar que la causa de destrucción sería por una violación grupal. Sin embargo, en Génesis 18:20 ya Dios había tomado la determinación de eliminarlos por sus pecados. La incitación de los sodomitas hacia Lot era hacer con los visitantes una práctica común entre ellos.

    ¿Cuáles eran los pecados de Sodoma y Gomorra? DBQ sostiene que «sea como sea, aquí no aparece por ninguna parte pecado alguno relacionado con la moral sexual». Sin embargo sí se habla de estas ciudades destruidas por diversos pecados incluyendo la depravación sexual: «Así también Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas son puestas como escarmiento, al sufrir el castigo de un fuego eterno, por haber practicado, como aquellos, inmoralidad sexual y vicios contra la naturaleza» (Jud 1:7).

    La expresión de Judas literalmente se traduce: «siguieron en pos de una carne diferente». El verbo ἐκπορνεύσασαι connota la depravación sexual, unido a los «vicios contra la naturaleza» indica los actos de sodomía. No se hace referencia a violación. Esta expresión «contra la naturaleza» es una realidad de que los pecados de estas ciudades eran prácticas contra lo natural. ¿Qué es lo natural? Os remito a la creación: «varón y hembra los creó Dios».

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  7. 3. La distorsión del código sexual (Levítico 18:22; 20:13)

    Ahora el turno le tocó al código sexual que Dios reafirma en el pueblo de Israel. El nivel de especulación y relativización es angustiante, el autor hace un esfuerzo por minimizar el asunto de la inmoralidad sexual con desespero. Las explicaciones no parten de la reflexión, sino de la omisión personal, por lo que las conclusiones no son serias y menos éticas. Os invito a reflexionar con la mente abierta, así como pedís a los demás que lo hagan:

    Una lectura sencilla del texto de Levítico 18 es suficiente para darse cuenta que Dios está reafirmando su oposición contra la distorsión del plan edénico. La riqueza del texto sobre las prácticas históricas de las civilizaciones del Antiguo Cercano Oriente reafirma lo que ya se venía lidiando desde Sodoma y Gomorra. YHWH le ordenó a Moisés: «No imitarán ustedes las costumbres de Egipto, donde antes habitaban, ni tampoco las de Canaán, adonde los llevo» (Lev 18:3). ¿Por qué no reflexionáis sobre esto? ¿Os habéis preguntado cuáles son las prácticas de esas civilizaciones que Dios desaprueba? La lista es detallada y exhaustiva en cuanto a las inmoralidades sexuales. El incesto resalta entre estas prácticas, comunes en el antiguo Egipto; incluyendo a los mismos Faraones. Del mismo modo resalta la homosexualidad como práctica inmoral (Lev 18:22); así como se reprueba la zoofilia (Lev 18:23). ¿No os dais cuenta que al relativizar una práctica lo hacéis para todas la demás? Es decir, sí la homosexualidad es válida, también lo es el incesto y la zoofilia.

    DBQ saca la frase de 18:22 «como quien se acuesta con una mujer», fuera de su contexto, ahora introduce una interpretación que el texto no permite: «si un hombre es heterosexual, no debe practicar sexo con otro hombre como si éste fuera una mujer, no debe despojarlo de su masculinidad». Ahora resulta ser que el texto es una orientación de cómo es la correcta forma de mantener relaciones homosexuales. ¿Qué lees vosotros? La lista de inmoralidades sexuales parten del símil, Dios da una explicación de porqué deben ser consideradas abominación. Un ejemplo: «No tendrás relaciones sexuales con la hermana de tu padre, porque sería como tenerlas con tu padre» (18:12).

    En cuanto a la homosexualidad la prohibición es evidente, porque las relaciones intentan imitar las relaciones heterosexuales: «No te acostarás con un hombre como quien se acuesta con una mujer. Eso es una abominación» (18:22). Pero DBQ al decir esa frase explicativa condena indirectamente a los travestí y transexuales. La comunidad LGBTI ahora debe ser revisada, por lo menos es un paso indirecto del autor al desaprobarlos. Sí esto lo hacéis indirectamente, imaginaros sí reflexionáis con detenimiento los textos bíblicos.

    Por último DBQ hace un sincretismo entre los ritos paganos y la inmoralidad sexual; valiéndose de Deuteronomio 23:17-18 intenta imponer la explicación de que lo dicho en Levítico 18:22 solo está restringido a la prostitución cultica pagana. Pero, ¿en que se basa para hacer tal analogía? Tanto Levítico 18:22; 20:13 y Deuteronomio 23 están dentro de sus aplicaciones, es decir, Dios condena las inmoralidades sexuales en cualquier contexto; sea cultico o no. Sí desproveéis a 18:22 de su contexto y lo aplicáis solo a lo cultico, ¿dirás que la zoofilia es correcta? ¿o que las relaciones de incesto son adecuadas? Pablo usará estos textos para condenar no solo la homosexualidad, sino también el caso de incesto en Corinto.

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