La diferencia entre “ser” y “estar”

No es lo mismo ser rico que estar rico. Porque no es lo mismo ser que estar. Ni dentro que fuera. Esto es tan simple de entender que mi generación lo aprendió con Barrio Sésamo.

Pues bien, parece que hoy, como siempre, debería haber una versión del programa infantil pero para adultos: Dentro… fuera; ser… estar.

La sociedad occidental actual más que nunca, probablemente por la crisis económica y de valores éticos que está padeciendo, asediada por la necesidad y por la urgencia de soluciones, vive en el filo de la navaja moral. Yo mismo lo hago, es cierto. Mea culpa. Pero por eso precisamente hay que tener claras las diferencias entre dentro y fuera, ser y estar. Y no hay que olvidar tampoco que otros pueblos de hoy, en otras latitudes, han vivido, viven y vivirán acosados por un hambre que nosotros desconocemos. Nuestra crisis está omnipresente en los telediarios. La de ellos, rara vez. Somos así. Nos creemos el ombligo del mundo aunque en ocasiones parezcamos, por nuestra actitud egocéntrica, una excrecencia más.

En tiempos de Jesús de Nazaret, la Palestina del siglo I vivía inmersa en una crisis mucho mayor que la nuestra. No era algo que durase cuatro, cinco, seis o diez años. Era algo endémico y que llevaba asolando esas tierras mucho, muchísimo tiempo. La gente podía morirse literalmente de hambre. A los que les tocaba la mala suerte de caer gravemente enfermos no tenían a dónde acudir, y podían morir solos y agonizando en la calle. Había padres que debían decidir a qué hijo salvar con la poca comida que traían a casa. No hay comparación posible con nuestra situación. Bueno, en un aspecto sí: los pobres se hacían cada vez más pobres, y los ricos más ricos. En esto no han cambiado mucho las cosas.

Pues bien, en una sociedad así Jesús de Nazaret tuvo la audacia de proponer un sistema de vida, unas reglas del juego que subvertían la escala de valores imperante, y que tenían mucho que ver con esa diferencia entre dentro y fuera, ser y estar. Con sus parábolas y sus encuentros con ellos, les dijo a los ricos que no lo eran, sino que lo estaban, y que su modo de vida podía dar un vuelco de la noche a la mañana (Mateo 7, 26-27); que en su necedad se pensaban intocables (Lucas 12, 18-20); que su forma de ser insensible y desentrañada los conducía al abismo moral (Lucas 16, 19-31); que la riqueza no compartida podía apartarlos de lo esencial (Mateo 19, 16-23); que sus posesiones podían imposibilitarlos para tomar las decisiones adecuadas (Mateo 19, 24).

Los cambios y las reformas que hacen falta para hacer de este mundo algo un poco más justo no se votarán en los Parlamentos. Los ministros de Economía no los propondrán. Los políticos no los llevarán a sus programas electorales porque, por buenas intenciones que tengan, sirven al señor de este mundo, al dios del dinero (Mateo 6, 24). Pelean, si es que lo hacen, en una guerra que se les hace grande.

Estos cambios, estas reformas, solo podrán venir de un corazón arrepentido de la crueldad y la injusticia de su propia riqueza. Hubo ricos que, ante las propuestas de Jesús de Nazaret, supieron hacerlo bien, cayeron en la cuenta de sus errores, quisieron enmendarlos y lo hicieron (Lucas 19, 1-10). Quizá penséis que esto no es más que una utopía. Pero Jesús no pensaba así. Creyó que los ricos aún estaban a tiempo de cambiar de actitud, porque para Dios hasta eso es posible (Mateo 19, 25-26). No seré yo quien lo contradiga…

Juan Ramón Junqueras Vitas (Periodista y teólogo)

17 comentarios sobre “La diferencia entre “ser” y “estar”

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  1. Buen tema para reflexionar, el cristianismo se ha metido a sus 4 paredes, en el caso de mi país México, signos de un porcentaje altísimo de personas en pobreza y unos cuantos son los que poseen las riquezas del país, la corrupción y el abismo del amor a las riquezas se a impregnados en la iglesia. La iglesia a salido a las calles a manifestarse contra matrimonio del mismo sexo, a querer censurar los libros de texto de primaria por mostrar a niños desnudos, por el aborto etc. Pero creo que el cristiano protesta por lo que le conviene, nos olvidamos de la gran propuesta de Jesús, y muchas veces, sí es que la mayoría, para los casos de economía respondemos con un “vamos a estar orando”.

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    1. Jesús nos ha dicho que su reino no es de este mundo.

      Entiendo que un cristiano no debe quedar impasible ante las injusticias que ve a su alrededor, y si eso le sucede, algo efectivamente malo le está pasando.

      Pero no quedar impasible no significa que debamos tomar parte activa al estilo de Emiliano Zapata u otros revolucionarios al estilo porque eso no va a servir de nada como así fue cuando esos revolucionarios se levantaran y actuaron pues todo sigue igual.

      Para mí no quedar impasible ante las injusticias del mundo, significa que eso que veo injusto no lo debo practicar yo, es decir, no debo hacer nada en mi vida que pueda reprocharle a los demás.

      El mundo, la sociedad en general está mal, porque en ella hay muchas personas que se parecen a mí.

      Si todos nos mirásemos bien en el espejo y nos viésemos como estamos, sucios en gran manera, nos empezaríamos a lavar, y si así lo hiciéramos todos el mundo sería otra cosa.

      Creo sinceramente, que esto es lo que Cristo nos vino a mostrar entre otras enseñanzas maravillosas que nos legó.

      Efectivamente, no debemos quedar impasibles ante las injusticias de este mundo que se ven por doquier, sintámonos molestos por ello, pero empecemos a sentirnos molestos con nosotros mismos y cambiemos.

      Esta es la auténtica revolución.

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  2. No deja de ser desconcertante el silencio de los cristianos ante las injusticias sociales. Ese silencio es tan espeso y pesado que se hace escándalo. Las iglesias, casi todas salvo escasas y honrosas excepciones, se preocupan por la preservación de la familia tal y como la han instituido ellas. Sus miembros salen en tromba a la calle a defender la heterosexualidad como única forma de relación entre personas.

    Alzan el grito al cielo ante los muchos, y ciertamente injustificados, atentados que asedian a los “civilizados” ciudadanos occidentales, pero no dejan de salivar profusamente cuando huelen el aroma de la venganza. Hay quienes protestan porque se promueve el uso de medidas de contracepción a fin de evitar embarazos no deseados. Las huestes anti abortivas toman las calles al asalto para criminalizar sin compasión años que se muestran partidarios no ya del aborto sino del solo hecho de regularlo.

    Dicen que el 10% de la población mundial acumula el 50% de la riqueza del planeta y que el 75% del PIB mundial está en manos de tan solo el 30% de habitantes del primer mundo. El resto no tiene otra que malvivir, si es que lo consigue, con las migajas que les dejamos los afortunados de vivir donde vivimos.

    Por otra parte, los que antes fueron inmigrantes, ahora que ya están bien instalados en su nuevo lugar de residencia, son los primeros e dar signos de xenofobia. Me vienen a la cabeza los incidentes que, no hace muchos años, tuvieron lugar en un barrio de Terrassa, una ciudad industrial centrada en el textil cercana a Barcelona. Hubo algunos problemas con la inmigración masiva procedente del Magreb y el África subsahariana. Curiosamente, los primeros en lanzarse ala allá perseguir a los “moros de mierda” fueron aquel los mismos que, cincuenta años atrás, llegaron en unos trenes interminables con todas sus pertenencias dentro de una triste maleta de cartón atada con un cordel con toda la prole, que no era poca, detrás de sus progenitores, gimiendo y con los ojos marcados por el espanto y la hambruna que se padecía en el pueblo. ¡Qué olvidadizos somos!

    Pues bien ahora, esos que tendrían que ser los primeros en reconocer cuándo es necesaria la generosidad son los que más se encarnizan con los recién llegados. No lo hacen con quienes vienen con las maletas repletas de fajos de billetes o abultadísimas cuentas bancarias. No, su dedo acusador señala a los que, como ellos años ha, conocen el hambre y la desesperacion que corroen el alma. Y los pretendidos buenos cristianos, todos sin excepción, ¿qué hacen al respecto? Nada, absolutamente nada.

    Por no hablar de los cientos de miles, millones, de refugiados que huyen de unas guerras que, en la mayoría de los casos, son resultado de un germen plantado por los gobiernos de loa países que ahora les cierran sus fronteras. ¿Qué hacemos los que nos denominamos cristianos para aminorar su sufrimiento? Nada. Escudándonos en que los respectivos gobiernos no autorizan la entrada de esos parias, permanecemos tranquilos en casa, no sea que, si salimos, la presión de la calle mueva a compasión a algún político despistado y nos los encontremos llamando a la puerta de nuestra propia casa en busca de un techo bajo el que cobijarse o un mendrugo de pan con el que calmar sus inquietos intestinos.

    Si el evangelio no mueve a tender la mano al desvalido para ayudarlo a salir del pozo, mejor vivir sin evangelio. Una religión que no empuja a forzar, en la medida de las propias posibilidades, un cambio en la sociedad no hace honor a la idea de religión porque no religa, sino que separa todavía más.

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    1. Isaac Martinez
      julio 20, 2017 en 2:48 am
      Jesús nos ha dicho que su reino no es de este mundo.
      Entiendo que un cristiano no debe quedar impasible ante las injusticias que ve a su alrededor, y si eso le sucede, algo efectivamente malo le está pasando.
      Pero no quedar impasible no significa que debamos tomar parte activa al estilo de Emiliano Zapata u otros revolucionarios al estilo porque eso no va a servir de nada como así fue cuando esos revolucionarios se levantaran y actuaron pues todo sigue igual.
      Para mí no quedar impasible ante las injusticias del mundo, significa que eso que veo injusto no lo debo practicar yo, es decir, no debo hacer nada en mi vida que pueda reprocharle a los demás.
      El mundo, la sociedad en general está mal, porque en ella hay muchas personas que se parecen a mí.
      Si todos nos mirásemos bien en el espejo y nos viésemos como estamos, sucios en gran manera, nos empezaríamos a lavar, y si así lo hiciéramos todos el mundo sería otra cosa.
      Creo sinceramente, que esto es lo que Cristo nos vino a mostrar entre otras enseñanzas maravillosas que nos legó.
      Efectivamente, no debemos quedar impasibles ante las injusticias de este mundo que se ven por doquier, sintámonos molestos por ello, pero empecemos a sentirnos molestos con nosotros mismos y cambiemos.
      Esta es la auténtica revolución.

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      1. Al discurso de Isaac yo lo llamo victimismo inane.

        El sentimiento de culpabilidad suele fomentar que nos miremos al espejo… para vernos mejor el ombligo.

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  3. Quizás lo que voy a decir es un poco tópico,no se hasta que punto esto es útil,convincente.En un versículo Pedro le dice a un paralítico,ni oro ni plata tengo,más lo que tengo te doy,en el nombre de Jesucristo de Nazaret levantate y anda.Pedro empatiza,porque tiene a Cristo y que mas……nada,va con lo puesto.Al tener nada material y tener a Cristo empatiza.No siempre el que tiene una casa,empatiza con el que no la tiene,el que tiene un coche,empatiza con el que no lo tiene.No siempre el que esta bien, empatiza con el que esta mal,.Quizás si estas bien,la vida te trata bien y no empatizas con el que esta mal,puede ser que tengamos todavía,más cosas de la cuenta.

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    1. A nadie la van siempre bien las cosas en la vida. La vida está llena de altibajos. Lo mejor sería aprovechar las malas rachas que vivimos para aprender a empatizar con quienes lo pasan mal. El dicho “Nadie escarmienta en cabeza ajena” tiene mucha razón. Así que una forma de conseguir que lo malo que nos pasa no sea en vano es permitir que nos haga más sensibles al sufrimiento de los demás.

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  4. JR escribió:

    Hubo ricos que, ante las propuestas de Jesús de Nazaret, supieron hacerlo bien, cayeron en la cuenta de sus errores, quisieron enmendarlos y lo hicieron (Lucas 19, 1-10). Quizá penséis que esto no es más que una utopía. Pero Jesús no pensaba así. Creyó que los ricos Y LOS HOMOSEXUALES aún estaban a tiempo de cambiar de actitud, porque para Dios hasta eso es posible (Mateo 19, 25-26). No seré yo quien lo contradiga…

    Buen artículo, solo añado lo que va en MAYÚSCULA. A mi me pareció que faltaba algo así.

    Los ricos y los homosexuales no pecan por tener esa condición, pecarán si esa condición les lleva hacer algo que entre en conflicto con la Ley de Dios que no solo son los 10 Mandamientos.

    Para Dios es posible que nuestras tendencias pecaminosas sean subyugadas para siempre, el nos dará el poder para resistir al Diablo. Esto es más o menos lo que creí entender que decía JR en la parte final de su buen artículo.

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    1. Una ley que condena a los homosexuales por su condición.
      Pedir a alguuen que actue en contra de su condición natural puede ser considerado maltrato o incluso tortura.
      Hay que rebelarse ante las leyes injustas.

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    2. Isaac, en cuanto a que una persona LGBTI pueda transgredir la ley de Dios siguiendo su naturaleza, te avanzo que en breve se publicará mi posición al respecto. No quiero adelantar acontecimientos.

      Vayamos a que la ley De Dios es mucho más que los Díez Mandamientos. Si esto es así, tendríamos que lapidar a todos los adúlteros, cortar las manos a los ladrones, pasar por las armas a todo quisque que se atreva a oponerse a Dios… Seguro que se acababa el
      Problema de la superpoblación mundial. ¿O a caso, si no queremos ser incoherentes, no tendríamos que seguir aplicando todos los mandamientos de la ley de Moisés?

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      1. ¿sabes qué es lo más gracioso de quienes apuntan a leyes escritas en piedra para condenar ciertas conductas sexuales? pues que por mucho que las condenen con la ley “de dios” en la mano, nunca dan el paso de ejecutar la sentencia. Señalan que la homosexualidad es pecado pero no se atreven a arrojar la primera piedra (literalmente) y cumplir con la sentencia de muerte que supuestamente su dios dejó por escrito.

        Eso me hace pensar que todavía hay esperanza, ya que en el fondo se su ser, toda esta gente intuye que la condena bíblica a los homosexuales (y adúlteras, etc) es tremendamente perversa, desproporcionada y contraria a la justicia. Por eso, en el fondo, nunca dan el paso de arrojar la primera piedra y ejecutar la sanción que su dios les dicta en las escrituras.

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      2. ¿Recuerdas la frase hecha: “El que esté libre de culpa que arroje la primera piedra”? Viene de una limitación a la ejecución de la sentencia para evitar el
        Linchamiento indiscriminado. Y ahí está lo cómico de la situación. Esa misma ley exige que el que arroje la primera piedra sea un adulto y libre de toda culpa. A ver quién es el guapo que se atreve a ser el primero, llevando como llevamos todos nuestra propia mochila de culpas…

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      3. Pues entonces, deberán elegir qué parte de las escrituras es la correcta, ya que la frase del evangelio que me señalas es una modificación explícita del contenido veterotestamentario.

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      4. Como se rigen por la segunda, donde esas palabras están dichas literalmente por Jesús de Nazaret, eso les mete un yuyu en el cuerpo que no veas.

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