Cuando la indiferencia es una atroz violencia

El vínculo entre el evangelio y la responsabilidad social de los cristianos se manifiesta claramente en el proyecto de Jesús de Nazaret. La Biblia insiste en que, cuando predominan la pobreza, la injusticia y la opresión, la fe que habla solo a las necesidades religiosas de la gente, fallando en demostrar una férrea voluntad de cambiar las cosas, es una adoración falsa (Isaías 58). Como lo expresó Gandhi: “Debemos vivir en nosotros mismos los cambios que queremos ver en el mundo”.

Un seguidor y verdadero creyente en Jesús de Nazaret no puede tratar con indiferencia las desigualdades materiales, ni la manifestación de poder y privilegios que hiere a tantos y conduce al empobrecimiento de muchos. El evangelio invita a solidarizarse con todos los que sufren, para juntos recibir, incorporar y compartir las buenas nuevas de Jesús, y mejorar la vida. Hay veces cuando la indiferencia puede llegar a ser una de las más atroces violencias.

Nuestra sociedad ha tratado de despersonalizar la pobreza, hablando en términos de programas, organizaciones y estructuras. Sin embargo, la pobreza es personal. Los pobres, los marginados, los discapacitados, los inmigrantes son personas. Esta es la gente de la que habla Jesús vez tras vez en su enseñanza y en su predicación. Busca dignificarlos, y desafía a los cristianos a asumir su deber de constituirse en una bendición para ellos.

Como tal, el seguidor del maestro de Nazaret debe involucrarse en esta situación humana. No puede argumentar que no es culpable de que estas personas sean pobres, y no tengan sitio en nuestro mundo racista, clasista y perturbado. La crisis, la parálisis que sufre esta sociedad es una creación humana. Y para quienes son unos privilegiados, ignorar a los pobres constituye una contradicción entre la confesión de fe y la conducta.

Los seguidores de Jesús han de responder a la pregunta que Caín formuló a Dios: “¿Soy yo, acaso, guarda de mi hermano?” (Génesis 4, 9b). ¿Cómo puedo llamarme seguidor de Dios cuando no cuido de mi prójimo? ¿Cómo puedo pretender representar al Reinado de Dios, y no ocuparme de manera seria y práctica de las personas que están incluidas en su Reino?

Creer en Dios es creer en la vida de todos, especialmente en la vida de los pobres. La fe cristiana no permite pactar con la muerte de los pobres, ni sublimar sus miserias en nombre de una cruz o de una vida futura. Creer es crear. Ha de serlo. Crear espacios de fe y de acción, donde la vida digna pueda abrirse camino.

Allí donde se agrede la vida, se agrede a Dios. Allí donde el cristianismo no propaga ni anima la vida, allí donde las prácticas de los cristianos y sus dirigentes no crean espacio para la vida, y para aquello que manifiesta la presencia de la vida —la alegría, la libertad, la creatividad—, allí habrá que preguntar a qué Dios se anuncia y se adora.

Ir ampliando el Reinado de Dios aquí en la tierra o, lo que es igual, ir facilitando el nacimiento de una sociedad alternativa sin excluidos, sigue siendo hoy —y tal vez hoy más que nunca— el gran reto de los seguidores de Jesús. Esto es a lo que más se dedicó Jesús de Nazaret durante toda su vida.

El desafío constante que la pobreza presenta a los seguidores de Jesús es acompañar, sin ningún tipo de reparo, la proclamación de la verdad acerca del amor, la compasión y el interés por los otros, con actuaciones a favor de la justicia social y la dignidad de todos los seres humanos. Descubrir maneras concretas de aliviar las cargas del pobre y el necesitado.

La Biblia lo deja claro: la responsabilidad social de los cristianos hacia los que sufren la injusticia social no es de menor importancia que la predicación del Evangelio —ni es opcional— porque son lo mismo. Es una parte integrante del Evangelio.

Juan Ramón Junqueras Vitas (Periodista y teólogo)

9 comentarios sobre “Cuando la indiferencia es una atroz violencia

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  1. Sin olvidar la solidaridad para con los más necesitados que propones en tu artículo, deberíamos plantearnos si no hay un trabajo que hacer también con los que ostentan el poder o, lo que es lo mismo, con quienes disponen de los recursos para cambiar la situación.
    Atender a los desvalidos es la jugada “fácil” de este juego: nos sentimos bien al hacerlo y ellos, al estar en situaciones precarias, es fácil que acepten nuestra ayuda. Lo difícil es convencer a los ricos (los que disponen de los medios económicos para dar la vuelta a la tortilla) desde el discurso cristiano, ya que estos solo pueden aspirar a ver como los camellos pasan por los agujeros de una aguja.

    El discurso a favor del oprimido apela a mover nuestra culpabilidad por su situación. Tendríamos que preguntarnos qué tipo de discurso necesitan oír los poderosos para que reaccionaran en masa a favor de esta causa. El discurso del evangelio no creo que les seduzca demasiado.
    Un abrazo a todos.

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  2. Un escritor de Estados Unidos,sacó un libro sobre activismo cristiano y decía lo siguiente .”Mucha gente ora por los pobres”, pero cuantos amigos pobres tiene? Hay una barrera entre ellos y nosotros.Tendríamos que presionar a nuestros gobiernos,el que salta la alambrada de Ceuta y con los cristales que ponen,se hace un tajo en la muñeca,se rompe una pierna.Presionar,salir a la calle,el pueblo Sirio.Miles de causas,tenemos que presionar mas a nuestros gobiernos.También presionar para que se invierta en los países pobres.Si esto no se hace ,jamas saldrán de la pobreza.

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      1. Hay muchas cosas que se consiguen saliendo a la calle. Por ejemplo, con “la marcha del millón de hombres”. O durante cualquier manifestación de la Diada en Cataluña.

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      2. No te equivoques, JR. Las Diades de Catalunya han sido todas instrumentalizadas. La más popular fue la que sacó a la gente a la calle contra los recortes del estatuto. ¿Qué se consiguió con respecto a eso? Nada.
        Los ejemplos de poder de cambio gracias a movilizaciones populares son escasísimos en la historia. Sobretodo porque son picos de fiebre absolutamente momentáneos y anecdóticos. Sirven para expiar culpas de manera puntual y después onse olvidan o quedan institucionalizados y, por lo tanto, desvirtuados…

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      3. ¿Crees que la multitud de gente que ha salido a las calles en Cataluña para reclamar el derecho a decidir lo ha hecho por influencia de los gobernantes catalanes, o crees que los gobernantes catalanes están en la vía independentista por la presión de la gente en las calles?

        Si fuera lo segundo, la independencia de Cataluña —de producirse— se habría conseguido por las manifestaciones en la calle.

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      4. Creo que ambas cosas se retroalimentan. Pero el proyecto de independencia es muchísimo anterior que las manifestaciones masivas.
        Pero mejor no hablemos de este tema aquí.

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