Espiritualidad horizontal

Para los cristianos, la medida de todo ha de ser el bien del ser humano, de todos los seres humanos; es la línea roja que jamás ha de traspasarse. Para Jesús de Nazaret, iniciador del cristianismo, estaba claro que la prioridad del creyente debía ser su semejante, incluso por encima de sus prácticas religiosas: “Ve primero a arreglarte con tu hermano, y después podrás rendir culto a Dios” (Mateo 5, 23-24).

No es posible creer en el Dios de Jesús de Nazaret si no se acepta esta forma de pensar y de actuar. Si las relaciones de cordialidad (“de corazón”) y compasión (“sentir al lado de”) no permean nuestra religión, es que es falsa. Cuando algunos pidieron al maestro galileo que resumiera la Ley de Dios, lo hizo en el ámbito de las relaciones: el primer mandamiento, amar a Dios; el segundo, amar al prójimo. Pero se negó a dar más importancia a uno que a otro: “El segundo es igual al primero” (Mateo 22, 34-40). No hay religión vertical (relación con Dios) si no se plasma en una horizontalidad humanitaria (relación con los semejantes), inscrita en el ámbito de la cordialidad y de la solidaridad.

Este es un punto clave en el Evangelio de Jesús de Nazaret. Reprueba a las autoridades porque oprimen al ser humano. Las personas están por encima de la Ley, porque esta ha sido entregada para servirlas (Marcos 2, 27). Esta subversión escandalosa produjo las reacciones negativas que todos conocemos. El galileo, a sabiendas, se jugó la vida por ello. Colocar el bien del ser humano al mismo nivel que a Dios puede parecer peligroso, sobre todo para aquellos que se aprovechan del miedo y de la ignorancia. Pero se equivocan.

El ejemplo de Jesús de Nazaret duró poco; demasiado poco. E iba a durar poco esa ola de libertad y alegría. Pronto volverían el miedo, los complejos de culpa, los moralistas, y una plaga de fundamentalistas e integristas cristianos —a la antigua usanza farisea— queriendo encauzar el presunto “desmadre” causado por Jesús de Nazaret. Pronto volverían el miedo y la ley que oprime, relegando al creyente al papel de mero comparsa.

Los cristianos somos llamados a recuperar la libertad y la alegría de Jesús de Nazaret; a desterrar el miedo y la opresión. Primero, y antes que nada, en el seno de nuestras propias comunidades, que falta nos hace. Y después, como un reguero de pólvora, en toda la sociedad. Creyentes libres, y alegres por serlo, contagiando libertad y alegría por donde pasan.

Una evangelización así sería como una bomba nuclear. Desmoronaría los cimientos del mundo, tal como lo conocemos ahora, y causaría estragos entre los poderes del Mal. Solo hay que atreverse a amar a Dios y al prójimo. Y, si se me apura, basta con amar al prójimo, porque lo primero se produce con lo segundo. Ni más, ni menos.

Juan Ramón Junqueras Vitas (Periodista y teólogo)

2 comentarios sobre “Espiritualidad horizontal

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  1. Es muy triste que hoy las iglesia se enfoquen más en su protocolo religioso, que en las necesidades de las personas, hagámos que está bomba atómica estalle en nuestras comunidades y amenos, para que la gente voltee a ver a Jesús.

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  2. Amar a Dios y nuestros semejantes es a lo máximo a lo que podemos aspirar.Desde luego creo que como no seamos horizontales,poco futuro tendremos.

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