Una Corea del Norte celestial

Christopher Hitchens fue un periodista y escritor de origen británico y nacionalizado estadounidense. Marcado por los terribles acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 en la ciudad de Nueva York, dedicó los últimos años de su vida a combatir ciertas ideas que, implícita o explícitamente, son promulgadas por las tres religiones monoteístas, ganándose así un lugar privilegiado en lo que ha sido llamado el movimiento del Nuevo ateísmo. Christopher Hitchens murió en diciembre de 2011 a los 62 años, víctima de un cáncer de esófago.

Admitámoslo rápidamente: Hitchens no evitaba la polémica; al contrario, la fomentaba. Siempre contundente en la articulación de sus críticas contra la religión, no en pocas ocasiones fue acusado de ser demasiado ofensivo, sarcástico o arrogante. No obstante, en su defensa debemos añadir que era un arrogante muy bien documentado, dotado de gran sentido común y de una envidiable capacidad oratoria. Por otra parte, con respecto a lo hirientes que podían llegar a ser sus críticas, él mismo argumentaba que si desde el lado del creyente podía ser jugada sistemáticamente la carta de los sentimientos heridos, él se sentía igualmente legitimado a actuar de manera parecida. Por lo tanto, concluía Hitchens, ante ciertos actos y postulados altamente ofensivos para la condición y la dignidad humana realizados en nombre de la creencia en Dios, resulta imprescindible contraatacar en defensa propia. Cuando se encontraba en la tesitura de tener que escoger entre callar para no ser ofensivo o articular una afilada crítica, no había duda de lo que Hitchens iba a elegir.

Uno de los aspectos más combatidos por Christopher Hitchens fue la idea, aún muy generalizada, de que es deseable la existencia de un gobernador del Cosmos con atributos y características cercanas al totalitarismo. Hitch (así es como quería que le llamasen sus amigos; nunca “Chris”…) se preguntaba si era deseable que fuera cierta la existencia de una especie de Gran Hermano celestial, alguien que nos vigila desde el momento en que nacemos, y durante toda nuestra vida, cada minuto, cada segundo, día y noche; un dios que conoce todo lo que pasa por nuestra mente, tanto cuando estamos despiertos como cuando dormimos, y que puede condenarnos por crimen de pensamiento…

Según Hitchens, tal escenario es justamente el que caracteriza a un régimen dictatorial en toda regla: una especie de libertad vigilada de la que no hay posibilidad de escapar. Una Corea del Norte celestial, ironizaba Hitch, con el agravante de que en Corea del Norte aún podrías contemplar la desesperada opción de morir para “liberarte” de tal tiranía, mientras que con el dios totalitario y escrutador ni tan solo la muerte te ofrece esa escapatoria, ya que es precisamente al morir cuando empieza la parte más divertida del perverso plan.

Estoy de acuerdo con Hitchens. La creencia de que algo así es bueno para la humanidad resulta, según mi opinión, una falta de respeto a la idea de emancipación individual, así como una amenaza a las libertades de expresión y de pensamiento. Desear rendir pleitesía a un líder de estas características significa considerarse poco menos que un esclavo y, lo que es peor, conlleva un enfermizo anhelo por seguir esclavizado. Y tal perspectiva no tan solo no me parece apetecible, sino que se me antoja malvada. No vale la pena creer en esto, ni en ninguna otra versión que implique algo parecido. Ese dios no es bueno.

Como Hitchens, cada día me congratulo por el hecho de que no exista ni una sola razón para pensar que algo así pueda existir.

Francesc A. G. (Graduado en Historia del Arte, graduado en Magisterio, profesor en Educación Especial, humanista y ateo)

42 comentarios sobre “Una Corea del Norte celestial

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  1. De todos modos, estaba pensando yo, ¿cómo tenemos que leer la Bibla? ¿Qué consideración hemos de otorgarle? Porque, no lo olvidemos, es el fundamento mismo de nuestras creencias.

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    1. Sobre un fundamento se construye un edificio. Pero un edificio no se levanta replicando el fundamento una y otra vez, sino colocando sobre él plantas nuevas. Anclarse en el “escrito está” es como pretender que una casa sea solo sus pilares. Jesús de Nazaret lo tenía claro, y se sintió libre para decir “Oísteis que fue dicho… mas yo os digo”. Las Escrituras son hijas de su tiempo, y hemos de aprender a sustraer de ellas los principios universales que vierten.

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      1. ¿Estás seguro? Muchos no lo ven así… Si por ellos fuera, hoy tú y yo tendríamos que hacer lo mismo que hacíamos hace cuarenta años…

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  2. En todo caso, creo que es una muestra de “egocentrismo religioso” pensar que el ateísmo es solo una reacción a las imágenes de Dios que sembramos los creyentes. Esta actitud me parece condescendiente. El ateísmo es una construcción intelectual que se sostiene por sí misma, y no es deudor de nuestras entelequias.

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  3. A estas alturas de mi vida,después de ser católica bautizada, protestante vuelta a bautizar,jeeee pero sin anular la católica, yo solo se que quiero ser feliz sin juicios ,sin dogmas,y me quedo con Jesús de Nazaret con esa figura de amor de los evangelios de respeto,de amor al necesitado de humilde con el oprimido,y de verdad todo lo demás me sobra todoooooo y el artículo de Corea del Norte Celestial chapeau

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  4. Hay muchos conceptos cristianos que no están actualizados y así seguimos sosteniendo la idea de un Dios déspota alejado del amor incondicional.
    Creer en Dios o no es un planteamiento filosófico que debe surgir en las personas por una reflexión ante ciertas preguntas existenciales que muchos necesitamos resolver. Incluso nos debemos plantear hasta el por qué surgen esas preguntas. Siempre intentar partir de una reflexión personal. Solo así se conseguirá creer en ideas vivas en continuo movimiento y con la posibilidad de cambio.

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  5. El re-pensar nuestras imágenes de Dios es un excelente ejercicio, muchas ocaciones repetimos los patrones del Dios que nos enseñaron de pequeños o el Dios que el pastor enseño desde el púlpito, sin embargo, creo es necesaria la crítica diaria de nuestras imágenes de Dios incongruentes con nuestras acciones o viceversa. Re-pensemos.

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      1. ¿Por qué será que los creyentes que tenemos ya una cierta edad, por aventureros, inconformistas, divergentes y arriesgados que seamos, no solemos plantearnos cambiar de opción, y convertirnos en ateos? Quizá la misma pregunta pueda hacerse desde el paradigma ateo, pero me hago la que me hago porque soy creyente. Conozco más ateos ya talludos que se hacen creyentes, que viceversa. No tengo respuesta, la verdad…

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  6. Tu planteamiento, Juan Ramón, es respetable pero nace de tu experiencia personal. Que conozcas más ateos que se hacen creyentes puede estar determinado por infinidad de variables y condicionantes.
    Lo que indican las estadísticas, es que en occidente (Europa), la gente cada vez cree menos en la propuesta monoteísta. Es verdad que la gente no deja de creer absolutamente; muchos optan por lo newage.
    Pero, por otro lado, no veo qué relevancia puede tener la conversión (en cualquier dirección) con lo que aquí estamos tratando.
    Podemos abrirnos a lo misterioso de muchas formas distintas. Lo que ocurre con la creencia religiosa, según mi parecer, es que viste este ejercicio de promesas y consuelos que abaratan la experiencia espiritual.

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    1. Creo que mi planteamiento tiene relevancia porque un debate solo es productivo cuando las dos partes son permeables a los argumentos de la otra, y además están dispuestos —aunque no estén predispuestos— a cambiar de opinión. Y mi experiencia —efectivamente, la mía— me dice que, al menos llegados a una cierta edad, los creyentes no solemos cambiar de opinión ni aunque nos bajen del burro. No sé si es porque el sesgo es más cerril de mente. Repito: La verdad es que no lo sé.

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      1. Ya, pero es que la experiencia personal, no es un argumento válido.
        Si encontramos a alguien con una experiencia personal opuesta a la tuya ¿qué hacemos?

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  7. Por ejemplo, Richard Dawkins explica que desde que publicó El espejismo de dios no ha dejado de recibir correos de creyentes convertidos al ateísmo. A mí no me vale como “argumento”; me vale como anécdota.

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  8. Una cosa: ¿un creyente que no “baja del burro” está adoptando una postura adecuada para justificar su creencia?
    En otras palabras, ¿la cabezonería es una buena manera de mantenerse coherente en una creencia?

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    1. Un creyente que “cree mal” —o que “cree mal” según mi parecer— sigue siendo un creyente; como un filósofo que, según el consenso de su colectivo, “interpreta mal” a Nietzsche sigue siendo un filósofo.

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  9. Claro JR, porque si aceptamos que nuestras experiencias personales pueden ser garante de veracidad ¿no tendremos que aceptar las experiencias personales del prójimo como verdades aunque sean opuestas a las nuestras? ¿Y dónde nos lleva eso?

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