Los niños y la religión del miedo

Quiero reproducir aquí una conversación que mantuve con mi hijo pequeño hace ya algún tiempo. Él tenía ocho años, y había pasado nueve meses en Malta, junto a sus hermanos y su madre, para aprender inglés:

Aarón: En Malta me explicaron que Dios destruirá a los que no se portan siempre bien, y llevará al Cielo a los cristianos. ¿Tú crees que los destruirá? Me parece un poco raro, ¿no?
JR: ¿Por qué te parece raro, cariño? (Reconozco que no pude ocultar mi sonrisa cómplice)
Aarón: Porque si Dios es nuestro Padre, como nos enseñan en la iglesia, ¿cómo va a destruir a un hijo suyo porque no se porte siempre bien. ¿Tú lo harías conmigo, papá?

Esta última pregunta me conmovió. Evidentemente, yo no sería capaz de hacer eso. Al contrario, consideraría que un padre así está mal de la cabeza o es un psicópata. Es más: si me enterase de que un padre amenaza de esta forma a su hijo, iría inmediatamente a la policía para denunciarlo. Pero si ese padre es Dios, ¿a qué policía podríamos ir?

Hay que tener mucho cuidado con la religión que les enseñamos a nuestros niños. Las imágenes de Dios que les transmitimos, aunque sean capaces de depurarlas cuando crezcan, pueden perseguirlos el resto de su vida. Con esto, como con tantas cosas, hemos de revisar nuestra pedagogía religiosa. Muchos de los que hoy no quieren creer en Dios forjaron esta increencia por el tipo de religión que mamaron en su niñez. Y después, los creyentes nos sorprendemos…

La mente de los niños es muy vulnerable. Viven estableciendo conexiones nuevas, formas de entender el mundo y las relaciones; aprenden de sus educadores y de su entorno una forma de enfrentar la vida. La religión es uno de esos paradigmas que se quedan instalados en ellos durante los primeros años de su niñez. Según se la enseñemos, cuando sean mayores les servirá de ayuda, o les producirá repugnancia, o decidirán que no merece la pena.

Hay sucesos descritos en la Biblia que, si no somos capaces de explicarlos desde la perspectiva del amor de Dios, jamás deberíamos enseñar a los niños. Es preferible dejarlos para más adelante, cuando ellos sean capaces de discernir la hondura de su mensaje. Me refiero a hechos como el diluvio, la destrucción de Sodoma y Gomorra, el intento de sacrificio de Isaac por parte de Abraham, las guerras de Israel, la muerte de Uza o las de Ananías y Safira, y tantos y tantos otros. Si no lo hacemos bien, la religión del miedo se adueñará de ellos. A fuerza de ser sincero, comprendo que muchos jóvenes dejen sus iglesias en cuanto pueden. Algunas cosas que les enseñamos allí pueden perjudicar gravemente su salud espiritual y, lo que es peor, su salud mental. Cuando se hacen suficientemente mayores, y tienen capacidad para decidir por sí mismos, se escapan, como es natural.

Jesús de Nazaret, a mi entender el hombre que mejor explicó lo que significa ser creyente en Dios, no espantaba a los niños. Al contrario, los atraía con tal fuerza que no lo dejaban en paz ni siquiera cuando hablaba públicamente a sus padres. El Dios de Jesús excitaba la imaginación de los pequeños, y les aportaba alegría y risas, sentimientos de protección y de seguridad. No es normal que los niños pululen alrededor de un predicador. Si lo hacían, era porque se sentían felices con él. Sus historias sobre Dios y sobre su forma de ser no les provocaban miedo, sino la ilusión de conocerlo más. Por eso no se separaban del nazareno.

¿Aprenderemos nosotros la lección? La salud espiritual —y mental— de nuestros niños está en juego…

Juan Ramón Junqueras Vitas (Periodista y teólogo)

6 comentarios sobre “Los niños y la religión del miedo

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  1. Toda educacion infantil que conyeve enseñar algo que el padre “cree pero no tiene forma de demostrar” es abuso infantil.
    Ya sea una pasion desmedida por un partido politico, un equipo de futbol, una creencia pseudocientifica o una religion.
    Estan condenando a su hijo/a a sufrir los constantes embates de la realidad, forzandolo a usar su disonancia cognitiva cuando las cosas no parezcan calzar con estas creencias, cuando se topen con otros niños que no han sido contaminados u otras personas que no sean afines crearan rechazo, se sentiran excluidos de muchas cosas. Juntarlos en rebaño los domingos solo apasiguara momentaneamente sus preocupaciones y forjara la idea de que su creencia es real en tanto hay otros como el.

    Que tal si tomas todas las enseñanzas positivas de tu creencia y extraes todo lo dogmatico de ellas? Que tal si no usas figuras de poder (idolos: Jesus, Stalin, Maradona, etc) para enseñar? Que tal si dejas a tu hijo descubrir la verdad por si mismo?
    No es el padre/madre el dueño de las mentes de sus hiijos, son los hijos los que tienen el derecho a ser guiados y abastecidos de herramientas que le sirvan para cuando se enfrente solo a la realidad.

    Ellos quieren respuestas no mas interrogantes disfrazadas de dogmas.

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  2. El problema para mi es que si los adultos creemos que Dios es asi, no podemos enseñar nada mas que lo que creemos. Comencé a trasmitir a mi hija creencias diferentes, cuando yo misma me di cuenta cuan absurda es la religion del miedo, de la culpa y del castigo. Enseñamos con nuestro ejemplo, con nuestras creencias, no podemos trasmitir nada mas que lo que experimentamos realmente. Asi que para hablar a los niños de un Dios Padre Bueno, de un Dios Amor incondicional tenemos primero que plantearnos con sinceridad la siguiente pregunta: Como ve MI NIÑO INTERNO a Dios?

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  3. Es evidente que cual veamos a Dios, así hablaremos de él. De lo que va lleno el corazón habla la boca. A partir de aquí, humildemente, pienso que más que diseñar estrategias pedagógicas tenemos que examinar y, si es preciso, redefinir nuestra manera de ver a Dios. El resto, pienso, vendrá por añadidura.

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  4. No existen los niños cristianos; tampoco los niños judíos, ni musulmanes, ni ateos.
    Los niños son demasiado pequeños para saber “qué” son.

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  5. Excelente publicación amigo, creo que mucho de la religión intenta asustar para crear una aceptación por medio del miedo, y es por eso que muchos jóvenes en Latinoamérica están completamente desligados de lo que la iglesia, nuestra teología sea enfocado en el miedo.

    Esa pregunta que hizo tu pequeño, también muchos de nosotros no la hacemos, me vino a la mente la parábola en Mateo sobre el banquete de bodas, donde el rey manda a llamar a todos los no invitados a comer y uno no está vestido y lo manda lejos, ?no se supone que estaba afuera y sin nada? ? Cómo puede castigar el rey a un hombre que lógicamente no está vestido de bodas?

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  6. Lo primero que tenemos que tener claro es que en la Biblia, ninguno de sus autores, escribió lo que escribió pensando que lo leerían niños o que se leería a niños pequeños. Somos los adultos los que tenemos que seleccionar tanto los contenidos como su forma de expresarlos de acuerdo con las características de nuestros hijos. Hay niños muy sensibles que les duele determinadas historias y hay niños muy duros que parecen no verse afectados por la lucha y la casquería.
    Es como si a los niños de cinco o seis años de hoy en día les contamos los cuentos de Grimm tal y como ellos los escribieron, nadie en su sano juicio lo haría.
    Es cierto que en pro de enseñar a los niños lo que la Biblia dice olvidamos que hay cosas para las que su mente no está preparada. Hay que dosificar el relato bíblico y adaptarlo a sus necesidades y capacidades. Y sobre todo contárselo desde el conocimiento que nosotros del verdadero carácter de Dios revelado a través de Jesús.
    Desde las iglesias de Alenza y Lleida primero y Aula7activa más tarde hemos hecho un gran esfuerzo por acercar los relatos bíblicos a los niños de acuerdo a sus necesidades y capacidades a través del proyecto Mi Biblia, mi tesoro (aprobado por el Consejo de la Unión Española como material de escuela sabática infantil alternativo para el territorio UAE).
    Eso no quita que haya padres que creyendo que lo mejor para sus hijos es contar toda la Biblia, se permitan, con todo su derecho de padres, pero bajo mi punto de vista con poco sentido común, contar a sus hijos de siete años, por ejemplo, el episodio de Tamar y Judá. Claro, luego los niños te vienen a la escuela sabática contándoselo a los demás que se quedan petrificados.
    Las historias de la Biblia pueden ser apasionantes para los niños, divertidas y formadoras en valores no solo religiosos sino también éticos. No dejemos de contar la Biblia a nuestros niños porque algunos la cuenten de forma poco apropiada.

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