La imagen que nos hacemos de Dios

Llevo muchos años dándole vueltas a la cabeza sobre un asunto que me parece la base de toda experiencia creyente: todo gira alrededor de la imagen que nos hacemos de Dios. Todos nuestros argumentos teológicos, exegéticos, hermenéuticos, filosóficos y vitales al respecto de cualquier cosa que tenga que ver con la creencia en Dios se tamizan, pasan por el filtro de nuestra imagen de Dios. Incluso la Biblia sufre esa criba. Cuando la leo, no lo hago de forma neutra. Me llevo conmigo, cuando abro sus páginas, todo el acervo cultural y todo el peso ideológico que he ido adquiriendo o que me han enseñado. Por ello hay tantas interpretaciones distintas ante un mismo texto; porque cuando nos aproximamos a él, lo hacemos desde una perspectiva distinta cada uno.

¿Qué ocurre si me acerco a los textos bíblicos a través de la imagen de un Dios bueno, paternal, incapaz de usar la violencia para sus fines, resuelto firmemente a enfangarse para encontrarnos, y cuyo fin último es compartir su existencia con nosotros? Que los interpreto de una forma distinta que cuando creo en un dios que se permite a sí mismo usar la violencia, la tortura y el asesinato para conseguir su objetivo.

El concepto que tengo de Dios —la imagen que me hago de Él— preside la vida y marca las convicciones del creyente. Dime en qué Dios piensas y te diré quién eres. Dime cómo concibes a Dios, cómo lo llamas, cómo le hablas o tienes la sensación de escucharlo, cómo te lo imaginas, cómo interpretas sus gestos; dime qué esperas de Él, qué crees saber de Él, qué has leído y crees de Él; dime todo eso, y me habrás contado la biografía de tu alma.

Vivimos rodeados, envueltos por nuestras imágenes de Dios. Los creyentes parecen no poder vivir sin imágenes de Dios. Aunque sepan que es el Invisible que no quiere que se lo vea. Les hace falta una representación de Dios, necesitan hacerse una idea. No pueden vivir con un Dios totalmente invisible porque se les hace incontrolable, inimaginable, imprevisible. Están convencidos de que si lo representan, si consiguen hacerse una imagen —una idea—, la divinidad estará siempre allí, a la vista; más disponible, menos imprevisible. Y así, visible, imaginado, encarcelado por la escultura o el pensamiento, dios pasa al servicio del creyente. Un creador hecho a la imagen y semejanza de su propia criatura. Un criatura que inventa a dios y lo manipula a su antojo.

Muchos han querido manipular a Dios. De ahí a la guerra santa, buscando el aval del dios de los ejércitos, hay un solo paso. Y entonces la guerra se hace cruzada, las víctimas herejes, y se promete la vida eterna al que muera en la guerra santa. Así fueron las guerras de los israelitas, y lo fueron las del Islam. Y las guerras contra el Islam. ¡Santiago y cierra España! gritó la reconquista. ¡Por Dios y por España! gritaron los fascistas. ¿En nombre de qué dios? ¿Un dios que destruye por capricho de su pueblo? De esta pregunta se pasa casi irremediablemente al ateísmo —aunque no solo desde ella—, porque un ser humano en su sano juicio no puede concebir a un dios así.

El problema es que al hacer a Dios a su imagen y semejanza, el creyente le atribuye, a la vez e inevitablemente, sus propios defectos humanos, elevados además a categoría divina. Queriendo hacerse un dios a la medida, ese creyente se convierte pronto en esclavo del ser divino, un demiurgo aterradoramente parecido a sí mismo, con sus mismos odios, celos, pasotismos, venganzas y reacciones violentas. Y Dios, incluso en las Escrituras, empieza a aparecer iracundo, celoso, vengativo y violento. Por lo que el creyente empieza temer a un dios que no es Dios, sino una falsa imagen —a mi entender— de aquella hermosa pero lejana realidad divina, perdida de vista.

No nos damos cuenta, entonces, de que Dios no es como nosotros. Que es un “completamente otro”, y que no comparte con nosotros esas bajas pasiones de las que hacemos gala cada dos por tres. Por eso Dios no se aíra, no es celoso, no se venga ni usa la violencia.

Si conseguimos ir a Él con la mente y el corazón abiertos, sin intentar darle forma o encerrarlo en imágenes distorsionadas por nuestras pasiones, quizá podamos escucharlo llamar a nuestra puerta. Podamos levar nuestras anclas —por trabajoso que sea— y echarnos mar adentro para descubrir nuevas orillas.

Recordemos lo claro que lo tenía el profeta: “No traigáis a la memoria lo que ya pasó. No penséis en lo que sucedió hace tiempo. Mirad, ¡estoy haciendo algo nuevo, ya comienza a brotar! ¿Todavía no lo veis?” (Isaías 43, 18-19).

Juan Ramón Junqueras Vitas (Periodista y teólogo)

29 comentarios sobre “La imagen que nos hacemos de Dios

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  1. Mi experiencia personal corrobora, al menos para mí, tus palabras, jrjunqueras. Me resulta imposible hablar de Dios con los demás de otra manera que no sea llamándolo así: Dios. Otros dicen a todas horas: «El Señor, esto. El Señor, aquello. El Señor, arriba. El Señor, abajo…» Yo no puedo. Sencillamente no puedo. Mira que lo he intentado veces, pero siempre se me traba la lengua y a punto estoy de mordérmela. Ya sé que Dios es Señor del universo y yo qué sé cuantas cosas más. Pero yo lo tengo interiorizado así: como Dios.

    En cambio, cuando me dirijo a él suelo hacerlo como Padre, porque así lo siento. Es mi Padre y me quiere. A su lado me siento seguro y en paz. Es la misma sensación que sentía cuando estaba con mi padre biológico. Me sentía protegido y seguro porque, cuando yo era pequeño, mi padre era muy fuerte. Luego, cuando fui creciendo, también me sentía seguro, pero ya no era por su fortaleza física, que iba menguando, sino por su sabiduría y lo acertado de sus consejos. Con Dios me ha pasado algo parecido. De pequeño lo veía muy fuerte. Ahora, además de fuerte, lo veo infinitamente sabio y sé que, suceda lo que suceda, sabrá indicarme hacia dónde ir.

    Pero hay una circunstancia, solo una, en la que me dirijo a él como mi Dios. Porque es mío; porque yo he decidido confiar en él, no porque alguien me lo haya dicho. Cuando me siento sin fuerzas, cuando tengo la sensación de que a mi alrededor todo se derrumba, me aferro a él y no lo suelto ni que me corten los brazos. Entonces sí, entonces lo llamo “Dios mío” y le reclamo sus promesas.

    Resumiendo: De todos los atributos que Dios tiene, yo me he quedado con el de Padre amoroso. No lo entiendo de otra manera. En mi vida ha habido varias ocasiones en las que se me ha mostrado así y ninguna en que me haya mostrado algún otro aspecto. ¿Cómo puedo verlo e imaginarlo de otro modo?

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  2. No hay manera humana de no hacerse una imagen antropomórfica de dios.
    Es la manera como piensa nuestro cerebro. No podemos escapar de ello.
    Para deformar algo debemos partir de una forma previa.

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      1. Cierto. Yo, como no creo en dios, no tengo necesidad de hacerme ninguna imagen de él.
        Sin embargo, veo legítimo criticar ciertas imágenes de dios que algunos quieren vendernos como deseables, y que yo encuentro terriblemente enfermizas.

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  3. Díos es Díos siempre, la mente humana es tán pequeña qué jamás podría explicar la grandeza de EL, lo único qué puedo decir es que él siempre ES y será bueno,los conflictos humanos son creadores de TODAS las calamidades de la tierra si llegáramos a comprender un poquito casi NADA el pensamiento de Díos no viviría el mundo esté caos qué hemos y me incluyo ocasionado…

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  4. Asi que Dios es y será siempre una muleta donde el hombre descanse y pueda fundamentar sus intenciones mas animales.
    Cuando hay guerra dios estará de mi parte puesto que él tambien odia a mis enemigos y aborrece la injusticia, el dios guerrero.
    Cuando nos dirijamos de frente a la aniquilacion dios sera un ser lleno de bondad y compacion que nos rescatara de la muerte eterna y nos elevara hasta su nivel llenandonos del placer que nos hace falta, el dios héroe.
    Cuando hayamos errado dios sera un ser misericordioso, lleno de amor, perdon y comprension para, como una madre haria, arrullarnos en medio de nuestras pesdillas, el dios maternal.
    Quizas que otro dios inventara luego el ser humano!, quizas uno incomprensible! Uno del que nada pueda ser dicho, un dios que pueda habitar un mundo lleno de preguntas e incognitas, un mundo donde la logica es quien manda y es señora de la realidad, un dios incognito e indescriptible, el dios sobrenatural.

    Cual sera el siguiente?
    Eso depende de lo que su disonancia cognitiva quiera hacer de este ser imaginario.
    Asi mismo se puede pensar que robin hood fue un ladron o un defensor de los pobres.

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  5. Es muy posible que no haya forma humana de no hacerse imágenes de Dios. Si eso es así, lo propio sería ser coherente con el paradigma que se ha escogido. En el caso de los cristianos, no cabe una imagen que represente a un dios iracundo, vengativo o justiciero; un dios a quien quepa tenerle miedo; un dios que use catástrofes para castigar a “los malos”; un dios que se mete en la cama de la gente para espiar lo que hacen, o con quién lo hacen; un dios que responde a los sufrientes de forma selectiva. Porque —al menos supuestamente— los cristianos basan su forma de creer en Dios en Jesús de Nazaret. No caben medias tintas: o se cree en el Dios de Jesús de Nazaret, o se será lo que se quiera, pero no cristiano.

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  6. No puedo pensar en un Dios q cuando algo me sucede bueno, le de las gracias. Eso sería una prepotencia x mi parte, ya qué entonces pienso en la gente a quien la vida le acarrea desgracias. Entonces, que? Para ellos El no está? No los cuida? Para mi, Dios es un ser q este ahí, q no puede actuar en esta tierra, xq entonces sería considerado injusto dependiendo de como me favorezca….
    Dios para mi es un ser en el que confío, depósito mis inquietudes, problemas y alegrías como alguien q me escucha y hablándole, llego a sentir paz y tranquilidad. Como cuando escribes todo eso en un diario y te descargas de lo que hay en ti. Por eso mismo no puedo ponerle cara, ya que como bien decís, le daría una naturaleza humana, con un carácter cambiante donde la ira, rabia, dolor, venganza o al contrario amor compasión, condescendencia, serían características comunes al ser humano y que las demuestra, según mi actitud o mis acciones.
    Prefiero pensar en un ser bondadoso, misericordioso q no está ahí para controlarme y juzgarme, sino para ayudarme a través de la conciencia a aceptar errores, superar dificultades, Disfrutar de las alegrías y sentir una esperanza en el futuro.
    Si yo creyera q Dios es como se le atribuye en el A.T. , dejaría de creer en el.

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  7. Me identifico totalmente con la idea y el sentimiento sobre Dios, expuestas por mis amigos de Face creyentes que habéis expuesto aquí. Dios para mí es mi Padre, así lo llamo también. En Él deposito mi confianza y creo que es un ser benefactor para con el hombre, nunca violento. Y a veces, siento dudas y también como hago con mi padre, le pregunto el por qué de muchas cosas…. No se puede razonar, ea cuestión de fe. Saludos a todos,creyentes o no.

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    1. Hace ya mucho tiempo que no le pregunto a Dios el porqué de las cosas. Lo que hago es preguntarme a mí mismo, cuando pasan cosas que no entiendo, ¿y ahora qué? La primera pregunta me anclaba en el pasado, y me llevaba a la melancolía. La segunda, sin embargo, apunta al futuro y se abre a la esperanza, deseando que Dios ilumine mis decisiones.

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  8. Y dijo Dios: Hagamos al hombre á nuestra imagen, conforme á nuestra semejanza; … Y crió Dios al hombre á su imagen, á imagen de Dios lo crió; varón y hembra los crió. Y los bendijo Dios; (Génesis 1 – 26/27/28. Reina Valera (1909)

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      1. Pues que la Biblia lo que dice es que Dios creó a la mujer y al hombre a su imagen y semejanza, no que nosotros tengamos que crear a un dios a la nuestra…

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  9. En resumen, ese el problema. El problema es que al hacer a Dios a su imagen y semejanza, el ser humano pierde, o perdió las perpectivas reales de su enseñanza. No se conoce a Dios, a Jesús por leer un sólo libro de la biblia o memorizar un sólo versículo de esta. De igual manera que para ser considerado su hijo y coheredero con Cristo de su gracia, se obtiene por decir o repetir una oración.
    De ahí surge el error y los horrores.

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  10. Mi vida ha cambiado muchisimo desde que la imagen de Dios ha cambiado para mi. De echo, ahora me refiero a Dios en mi. Porque nunca he estado ni estoy separada de Dios. No hay separación, Soy en Dios siempre. Haga lo que haga. Dios es Amor. Amor inclusivo. Abarcante, que se expande infinitamente y en el cual existo y hacia el que “regreso” porque creo haberme caido a un mundo, por lo demás ilusorio. (hay una parte de nosotros, que cree estar separada de Dios, pero eso es una ilusion). Dios es Amor, repito. Y desde que esta imagen me acompaña, mi vida es mucho mas hermosa. Y realmente siento a Dios como un Padre Bueno y a Jesús como un Hermano que me muestra el camino en mi corazon. Los libros, incluida la Biblia, los discursos, las racionalizaciones, los diversos criterios, todo son formas ilusorias. Me gusta respirar en Dios, a Dios….y sentir que El Padre y yo, somo difinitivamente Uno, con todos los seres sintientes.

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