Clientes VIP de Dios

Hay cristianos que se piensan a sí mismos como clientes VIP de Dios. Desean, y Él otorga; piden, y Él concede; oran, y Él protege; invocan, y Él aparece. En el nombre de Jesús todo es posible. Gracias a su intercesión disponen de la tarjeta oro del Cielo.

No sé si las cosas funcionan así para ellos, o simplemente quieren creerlo. Lo que sí sé es que involucrar a Dios en una creencia así puede provocar un sufrimiento extremo. Yo lo he padecido; sé de lo que hablo. La realidad es tozuda: la vida no discurre de esa forma. Y cuando uno se ve confrontado a ese silencio atronador, surge una duda que nace enfermada por un equivocado punto de partida. Aparecen esas destructivas preguntas sobre si el silencio es culpa de Dios o de uno mismo. Es la pregunta por la culpa, la eterna canción.

No pretendo ignorar las perturbadoras consecuencias de decidir no creer así. También sé de lo que hablo. Llevo en esto muchos años ya, y no es fácil. La religión mágica tiene tentáculos hasta lo más adentro del ser creyente. Aceptar que estamos solos en esta vida, aunque sin estarlo del todo. Asumir que a lo máximo que podemos aspirar es a una presencia intuida, a un consuelo esperanzado, a una felicidad a medias —siempre vulnerable, a pesar de nuestra creencia—. Entrever que a lo máximo que puede aspirar Dios es a animar lo más profundo de nuestro ser, y a esperar que esto sea suficiente para que no nos perdamos en esta vida loca.

Es cierto: Esta forma de percibir a Dios nos arroja a una vida incómoda, exenta de las muletas mágicas —y quizá tan solo imaginadas— de la religión que nos enseñaron de pequeños. Pero un padre/madre tiene la obligación de decirles a sus hijos que no siempre hará por ellos lo que le gustaría. No porque no quiera, sino porque no puede. Es tan fácil de decir como duro de aceptar.

Juan Ramón Junqueras Vitas (Periodista y teólogo)

20 comentarios sobre “Clientes VIP de Dios

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  1. Desde Bonhoeffer que ya no pienso así. Ya no espero milagros, no vivo una vida que espera y se desvive por un asistencialismo paternal y antojadizo. Y sin embargo, y a pesar de esto, me siento amado del padre. Puedo ver a Dios en más lugares de los que antes solía hacerlo, mi fe se ha establecido y no necesito de pruebas irrefutables para seguir, (de otra forma no necesitaría de fe) me siento confiado. 🙂

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  2. Me siento totalmente identificada con tu reflexión porque yo la viví durante muchos años. Con la madurez y la experiencia de vida, me he dado cuenta o así lo siento, que Dios actúa como un padre, nos apoya, protege y guía, pero al mismo tiempo nos da libertad para elegir, para actuar. La confianza que tengamos en nosotros mismos y en Él hará la diferencia entre un Dios que ama a sus hijos por igual o un Dios que tiene “hijos favoritos”

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  3. Una reflexión muy buena,así me siento y vivo yo en estos momentos de madurez de mi vida,Lo que tengo,lo que no tengo,lo que recibo,doy gracias y vivo a veces mejor y otras no tanto,Pero levanto mis ojos al cielo ……..Y DOY GRACIAS POR LA VIDA

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  4. He de reconocer que constantemente me planteo las dos siguientes preguntas:

    1. Si la religión mágica, esa que aspira hoy por hoy a que Dios cure enfermedades, proteja de catástrofes naturales, arregle economías, etcétera, se topa día tras día con una realidad que destroza esas mismas aspiraciones, ¿qué hace que este tipo de creencia sobreviva entre los creyentes?

    2. Si el creyente cree recibir de Dios una respuesta positiva a sus aspiraciones —por ejemplo, al curarse de una enfermedad previsiblemente mortal—, ¿qué le hace sentirse tan especial para Dios, cuando millones de peticiones del mismo tipo son rechazadas cada día por ese mismo Dios?

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    1. 1. Lo que hace que esos creyentes no se den cuenta de que la oración intercesora no funciona es el sesgo cognitivo de confirmación: se limitan a dar relevancia a los casos en que sus oraciones parecen ser respondidas, pero ignoran la infinidad de ocasiones en las que tales oraciones son “ignoradas”. Si les haces ver tal obviedad te contestan que los caminos del señor son misteriosos… y ante esta respuesta, no hay argumento posible.

      2. Lo que les hace sentirse tan especiales es lo que viene llamándose “arrogancia”. En una ocasión, un creyente me explicó que un familiar suyo sanó de una angina de pecho aguda contra todo pronóstico médico. El achacaba la mejora a la intercesión divina recibida gracias a la condición de creyente del enfermo y a las oraciones de los miembros de la familia y amistades. Entonces yo le pregunté qué explicación tenía para los casos en los que creyentes habían muerto de manera fulminante por un ataque al corazón, por ejemplo; me respondió que somos humanos y “estas cosas pasan”. Con lo cual quedé muy satisfecho y así se lo hice saber, ya que la misma explicación que me acababa de ofrecer (“estas cosas pasan”) también servía para la curación del caso de recuperación que el relacionaba con un milagro.

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  5. Por otro lado, la oración intercesora siempre me ha parecido que roza la blasfemia. ¿o acaso no se trata de pedir a dios que modifique sus planes en favor del orante?

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    1. Cuando la oración intercesora se entiende como rito mágico que pretende forzar la voluntad de Dios no cabe duda de que es una blasfemia en toda regla. ¿Quiénes somos nosotros los humanos, criaturas mortales salidas de las manos de Dios, para pretender modificar su voluntad?

      Sin embargo, tal como la entendemos Juan Ramón y otros, sus efectos no tienen nada que ver con la divinidad y mucho con la humanidad. De hecho, una oración intercesora desconocida por la persona objeto de la intercesión no tiene efecto alguno en ella. En cambio, cuando a esa persona se le comunica que se está orando por ella, los efectos se producen a nivel humano, reforzando los vínculos afectivos entre el interceros y aquel por quien se intercede. Este es un efecto que va en dos direcciones.

      Asimismo, la oración intercesora también surte efecto en la persona que la eleva, ya sea una petición para sí, ya sea una petición para un tercero. Refuerza la confianza en Dios aun a pesar de saber que muy probablemente no se obtenga la respuesta deseada. Es la misma situación del hijo que le explica sus problemas a su padre a sabiendas de que él no podrá hacer nada. No espera nada, solo se desahoga con él. Lo cual, si el padre escucha, refuerza el vínculo paternofilial.

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      1. …lo que se viene conociendo como… efecto placebo.
        Existe un estudio riguroso sobre las consecuencias de la oración intercesora en enfermos hospitalarios con problemas cardiacos.
        La busco y la cuelgo por aquí.
        Las conclusiones son tremendamente interesantes y muestran lo contrario de lo que apunta mi amigo “cantaire”.

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  6. La Religión mágica, buen tema. A menudo escucho expresiones como “así lo ha querido Dios”, ” es la voluntad de Dios”…. Cuando oigo ese tipo de frases (especialmente si vienen del clero) me repatea un poco, la verdad. La única voluntad de Dios para nosotros creo q es q nos salvemos, a partir de ahí todo es subjetivo, y sin embargo hay quien se esfuerza por darle a todo un toque divino un tanto ridículo.

    Quizás esta visión mágica de Dios es en parte alimentada por una lectura superficial de las propias escrituras, que nos presentan una historia de su pueblo plagada de intervenciones divinas y un Dios-hombre cuya especialidad precisamente es llevar a cabo lo imposible. Jesús, el gran mago.
    La religión mágica nos permite responsabilizar a Dios de lo que nos pasa a la vez que nos liberamos de las consecuencias de nuestras decisiones propias o de nuestra mala estrella.
    Un uso egoísta de la oración quizás, un dios a la carta a lo mejor.
    Un conflicto entre el Dios que actúa y el que guarda silencio que no sabemos muy bien como resolver.
    Desde luego, es mas fácil ir por la vida con una Master-God, de eso no hay dudas.

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  7. Si nos va bien y solo analizamos nuestra vida, esta forma de ver la intervención de Dios puede no cuestionarse, pero con un poquito que miremos alrededor y empaticemos con la realidad de vida de otros, las preguntas surgen.
    Yo creo en un Dios que actúa en todos a través de su Espíritu. Dios en mi vida se manifiesta a través de los frutos del Espíritu. Gálatas 5.

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  8. Me has dejado sin muletas!! 😉 es duro confrontarse con la realidad, pero es necesario para el crecimiento espiritual; Juan, al plantear el alcance divino para con sus hijos; donde manifiestas que el quiere pero no puede intervenir..me pregunto.¿.estaríamos hablando de cierto tipo de Deismo( niega la intervención divina en el mundo)?…Saludos!! 🙂

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    1. La realidad es tozuda. Cada día miles de personas piden curación a Dios, y se mueren ellos o los seres queridos por los que han pedido; o piden trabajo, y no sale; o se encomiendan a Él cuando hacen un viaje, y se matan; o imploran un hijo, y mueren sin concebirlo…

      Podemos creer en la religión mágica, pero para eso tendremos que cerrar los ojos. A mi entender, Dios no tiene poder físico en este mundo. No sé si por respeto a nuestra libertad, o porque realmente no puede tenerlo. Eso no lo sé. Comprendo a los creyentes que le piden curación, trabajo, o lo que sea. Para ellos deseo que tengan la fortaleza de soportar su silencio cuando se produzca. Pero sí creo que Dios puede actuar, y puede intervenir. Aunque Dios no sea el soberano de este mundo, sí puede reinar en el corazón de los creyentes, y darles paz, consuelo, ánimo. Un/a padre/madre puede no tener los recursos para evitar un peligro a su hijo/a, o para ayudarle a conseguir lo que quiere, pero siempre podrá animarlo, consolarlo y darle paz. Así veo yo a Dios.

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  9. Excelente reflexión.
    He estado toda mi vida rodeada de personas que me inculcaron sobre esa “religión mágica” y hasta hace poco también lo creia. Hasta que me topé con una situación que me hizo dudar de todo; y me hizo culparme de no poder “sentir a Dios” o de que “mi oración no diera frutos”
    Aún al dia de hoy constantemente me hablan de esto, de que “Dios no tiene amigos, tiene intimos” o de que “Pide y se te dará”, y lo considero una creencia toxica, que nos hace mucho daño a nosotros mismos y a otros

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    1. Bienvenida a mi proceloso mundo. No es fácil vivir en él, después de haber creído de otra forma. Pero creo que ayuda a madurar, y a esperar lo que sí es esperable de Dios. Ánimo, amiga.

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    2. Por desgracia, en este mundo solo maduramos realmente cuando recibimos algún varapalo. Las crisis son momentos de ruptura, de deciusión y de cambio. Una crisis bien resuelta nos lleva a un estadio más avanzado.

      Hay, en cambio, quien ante una crisis decide permanecer inactivo, confiando en que el tiempo acabará por resolver la situación. En tales casos, la crisis no representa un avance, sino un retroceso.

      Espero y deseo sinceramente que tus crisis tengan avanzar.

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