Cristianismo: Una historia de violencia

Dos mil años son mucho tiempo y dan para casi todo, bueno y malo. El cristianismo, cuando de verdad ha tenido a Jesús de Nazaret como su referente, ha aportado muchas cosas buenas a este mundo. Siguiendo el ejemplo de su impulsor, sobre todo al principio, creó comunidades de iguales en las que todos contaban: mujeres y hombres, maestros y discípulos, autóctonos y foráneos. Aún no era una religión, sino un movimiento que daba testimonio de la vida, la muerte y la resurrección del maestro, y que intentaba anteponer su persona y personalidad a cualquier forma de religión anquilosada.

Miles se unieron a estas comunidades, a pesar de las repetidas persecuciones. Pero poco duró la frescura de la propuesta jesuánica. Acabó cuando empezaron a unirse millones, y no precisamente de forma voluntaria o por un compromiso personal, sino por obligación o interés, perdiendo con ello el alto grado de compromiso que hacía falta para llevarla adelante…

En efecto, cuando el imperio romano —cerca ya de su final— consagró al movimiento y lo convirtió en religión preferente, comenzó la ruina del verdadero cristianismo. Algunos lo vieron como una victoria, imagino que de forma justificada: acabaron las persecuciones, las catacumbas y las torturas. Cualquier ser humano quiere esto para sí mismo y para su familia, y es natural. Pero un tremendo peligro se cernía, una tentación a la que sucumbió el cristianismo: convertirse en religión institucional. Con ello, pasó pronto de ser perseguido a perseguir; cambió las catacumbas por los tronos; sustituyó las oraciones espontáneas por los rezos rituales. Como en una trama urdida por un enemigo oculto, un “tapado”, un topo maquiavélico y eficaz que parecía mover los hilos a su antojo, el cristianismo relegó al ostracismo al mensaje y a la persona de Jesús de Nazaret, y los sustituyó por ceremonias pomposas, ambición de poder, y muerte.

En realidad, lo que había parecido una estrepitosa victoria se había convertido en un fracaso silencioso. El movimiento se convirtió en religión, y comenzó a anquilosarse por ello. Las tinieblas se adueñaban de la luz. El Concilio de Nicea del 325 d.C. había significado el principio del fin; quizá no por su propuestas doctrinales, pero sí por sus consecuencias sociológicas. El oscurantismo cristiano de la Edad Media iba a hacerse paso.

Es cierto que siempre hubo grupúsculos que se opusieron a esta instrumentalización del cristianismo. Pero todos ellos —albigenses, valdenses, hugonotes, etcétera— fueron perseguidos y aplastados. La reforma de Lutero trajo luz, pero también cayó en la trampa de la institucionalización. Donde pudo, pasó de ser perseguida a perseguir. Al calvinismo le pasó lo mismo. El anglicanismo cometió los mismos errores. La ambición de poder se ha ido imponiendo, siglo tras siglo, a Jesús de Nazaret. Casi siempre, y esto es lo más perturbador, en nombre del propio maestro. Una auténtica historia de violencia. Y hasta hoy…

Por supuesto, en occidente ya no se utilizan espadas y flechas para imponer un cristianismo desquiciado. Tampoco hogueras. Hoy se llaman lobbys y grupos religiosos de presión que, a base de promesas y dinero, manipulando y medrando, pretenden quitar y poner reyes. Lo mismo de siempre: la búsqueda de la grandeza y del poder. ¿Dónde queda y qué queda del mensaje de Jesús? Él pudo medrar ante Caifás o Pilato. Incluso podría haberse convertido en un Espartaco palestino, el jefecillo de un movimiento de liberación. Simplemente no quiso. Al prefecto le dijo que su reino no se basaba en la fuerza bruta, y que la ambición de poder y de estatus es la raíz de todos los males. Murió por denunciarlo. ¿Lo hemos olvidado los cristianos?

Hoy, los cristianos necesitamos volver a Jesús de Nazaret. A su propuesta de paz y esperanza, de compasión y justicia, de conversión y perdón, de consuelo y restauración. Y siempre desde abajo, desde el servicio y la humildad, desde la denuncia profética y no por la confabulación con las altas esferas. La radicalidad de esta opción será la piedra de toque de nuestro propio cristianismo. Si no aprendemos de los errores de nuestra historia, estamos destinados a repetir nuestro fracaso.

Juan Ramón Junqueras Vitas (Periodista y teólogo cristiano)

19 comentarios sobre “Cristianismo: Una historia de violencia

Agrega el tuyo

  1. Obedece al cambio que experimentó el cristianismo sin violencia propuesto por los seguidores de Jesús más cercanos alentados por el recuerdo del Galileo hacia la cristiandad como imperio. El poder del emperador frente al sacerdote. El imperio frente al misterio. Jesús insistió mil veces y de muchas maneras que su reinado no llegará con la sica ni la imposición de la fuerza sino la persuasión de su amor. Ya Oscar Cullman nos habla de esto en su libro “Jesús y los revolucionarios de su tiempo” sin embargo con el cesaropapismo y la teoría de las dos espadas el “celo” religiosos se impuso y la imagen de Iglesia pasó a ser política y obligatoria. Eso llevó a este despropósito nada que ver con el legado del judeocristianismo. El odio entre las religiones “vosotros matasteis a mi maestro” fue tal que nos llevó por la cultura de esa época al asesinato y la sangre no solo de las víctimas inocentes sino del propio mensaje del hijo del carpintero que experimentó en su propio rostro el odio de la humanidad entera a la que respondió con un amor incomprensible, “Padre, perdónalos porqeu no saben lo que hacen”

    Le gusta a 1 persona

  2. La pérdida del mensaje evangélico del cristianismo propuesta en base al amor pasa a ser impuesto por una cristiandad en base a una lucha por el poder. Del misterio al imperio. Un legado hermoso pervertido por el celo desprovisto de humanidad y sesgado por una espada manchada por el egoísmo humano. Nada que ver con el ejemplo del Galileo que propone siempre lo más difícil, el amor agapeísta

    Le gusta a 1 persona

  3. Es la historia de siempre. Cuando un movimiento se institucionaliza, necesita afianzarse y perdurar a toda costa. De ahí a la violencia como instrumento de supervivencia puede haber un paso. La pregunta sería ¿cómo realizar el camino de vuelta? ¿Cómo desandar el camino, y recuperar el espíritu inclusivo?

    Le gusta a 1 persona

    1. Primero, volviendo a Jesús y solo Jesús. Segundo promover formaciones claras y concretas desde las facultades de teología sobre que es lo esencial y principal y qué es lo secundario. Tercero: establecer pautas sobre quién debe y quién no debe adquirir responsabilidades. Cuarto: Admitir los posibles errores de una Iglesia que no puede evangelizar si no está dispuesta a ser evangelizada. ¿Qué es evangelizar? No es otra cosa que recibir el mensaje puro del evangelio abierto e inclusivo del Galileo. Maestro hemos prohibido hacer el bien a ese que no nos sigue…. “No se lo impidáis” (Mc 9)

      Le gusta a 1 persona

  4. Es decir: La violencia en el seno del cristianismo es posible porque se instala una espiritualidad de la confrontación. Mientras Jesús de Nazaret defiende el “no se lo impidáis”, sus amigos prefieren la prohibición de quien no parece de los suyos. Es el “nosotros o ellos”. De la espiritualidad inclusiva de Jesús se pasa a la excluyente de sus discípulos. Fíjate que ellos ya habían intentado desactivar al ajeno al grupo. Si lo hubieran conseguido, Jesús ni se hubiera enterado. Solo porque el ajeno insiste, los discípulos acuden a su maestro. Pero no para preguntarle si hacen bien o no, sino para exigirle que lo desactive él. Ya en las primerísimas horas del cristianismo —con Jesús de Nazaret vivito y coleando— aparece la tentación de la exclusión y del combate al ajeno. Tremendo…

    Le gusta a 1 persona

  5. La confrontación es algo inherente a la persona humana. Sustraerse a ella, aunque no imposible, es harto difícil. Sus propios discípulos no lo consiguieron; al menos mientras él estuvo presente. Más adelante, si bien los enfrentamientos entre ellos no dejaron de ser virulentos, al menos los que se han registrado, se saldaron con el respeto mutuo y, si no era posible la colaboración directa, siguiendo cada uno por su lado.

    El modelo parece claro. Ahora bien, para aplicarlo hace falta una gran dosis de amor y humildad. ¿Seremos capaces de ponerlo en práctica?

    Le gusta a 1 persona

  6. La confrontación es inherente a la persona humana, sí… pero hay ideologías y credos que fomentan esa confrontación: los que pretenden separar entre creyentes e infieles.
    Creerse con dios a tu lado suele garantizar, tarde o temprano, esa soberbia que deriva en confrontación.

    Le gusta a 1 persona

    1. El problema, sissu61, no está tanto en las ideas en sí mismas como en quienes las llevan a la práctica. Al menos en el campo en que nos estamos moviendo. En sus inicios el cristianismo no era excluyente en absoluto. ¿Cómo podía serlo si la inmensa mayoría de sus practicantes eran los excluidos de la sociedad?

      Me gusta

  7. No. Yo no he dicho eso. Yo señalo que es técnicamente imposible actuar a margen de las ideas. Ergo las ideas fundamentan las acciones y el problema principal SÍ está en las ideas que se pretenden defender con la violencia.
    También hay ideas nefastas que son defendidas desde la no violencia.

    Me gusta

      1. No. Que el cristianismo al que te refieres sea el de “los primeros cristianos” no implica que sea bueno… ni malo… solo implica que fue la primera versión de cristianismo.

        Me gusta

  8. El marxismo tiene muchas cosas interesantísimas. El comunismo que ha ido aplicándolo políticamente donde ha podido tiene muchas menos. Creo que Marx abominaría de las aplicaciones que en el siglo XX se hicieron de sus propuestas. Jesús de Nazaret haría lo propio. Pocos años duró su proyecto. Muy poco tiempo. Es imposible analizar la pertinencia del proyecto de Jesús tomando como ejemplo la historia del cristianismo, o la ideología que pueda haber detrás de su plasmación histórica. Si se quiere ir al fondo de la ideología cristiana, hay que ir al fondo de Jesús de Nazaret mismo.

    Me gusta

  9. Todo movimiento tiende con el paso del tiempo a la institucionalización. Normalmente, las instituciones aspiran a posicionarse entorno al poder e incluso a monopolizarlo si tienen oportunidad y finalmente Poder y vViolencia forman un binomio bien anudado con el devenir de los siglos.
    Por eso Cristo es tan sorprendente, porque plantea “un Reino” que no basa su poder en la violencia sino en el amor, un reino que sobrepasa el control institucional, un reino que es tan distinto de los reinos que la historia nos ha traído, que es un reino casi utópico, irreal sino fuese porque el lo prometió.

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: